Ley de la desviación cómoda

elefantes en un círculo sin fin al estilo de M. C. Escher como grabado

Es en realidad un truco que nuestra mente utiliza para no quedar mal frente al espejo. Básicamente, es el arte de «echarle la culpa a otra cosa» para no tener que admitir que nosotros metimos la pata o que el problema es demasiado difícil de arreglar. Es la ley de la desviación cómoda, la de buscar cebras e ignorar elefantes.

Imagina que un león pierde a su hijo porque el cachorro, desobedeciendo sus órdenes, se acercó demasiado a unos elefantes y terminó aplastado por accidente. Un chimpancé, que lo vio todo, le cuenta la verdad al león. ¿Qué hace el rey de la selva?

En lugar de aceptar que su hijo fue imprudente o que él no lo cuidó bien, decide que la culpa es de las cebras y los venados. ¿Por qué? Porque pelearse con un elefante es suicida, pero perseguir venados es fácil y lo hace sentir poderoso de nuevo.


Esta ley funciona en dos pasos muy sencillos:

🐘 El choque con la verdad: te enteras de que algo salió mal y, además, sabes exactamente por qué. Por ejemplo: hay inundaciones porque nadie limpió los desagües en diez años.

🐘 La pirueta mental: ya que limpiar desagües es caro, aburrido y requiere trabajo, decides que la culpa es del cambio climático global. Es una explicación elegante y popular, nadie puede culparte a ti personalmente y te permite dar discursos buscando cebras e ignorando elefantes.

¿Por qué lo hacemos?

No es que seamos tontos; es que somos cómodos. Enfrentar la realidad suele implicar responsabilidad personal y soluciones complejas. Es mucho más sencillo culpar a la «codicia empresarial» por la inflación o la escasez de vivienda que revisar una política económica desastrosa.

Es un escudo contra el daño a nuestra imagen. Si la culpa es de una fuerza externa o de un grupo débil (como las cebras del cuento), no tenemos que cambiar nada de nosotros mismos.

El problema de este «atajo» es que, aunque nos hace sentir mejor a corto plazo, no arregla nada. Si el león mata a todas las cebras, su hijo seguirá muerto y los elefantes seguirán siendo un peligro.

La desviación cómoda solo logra que los problemas crezcan mientras nosotros nos dedicamos a aplicar soluciones de mentira para problemas que nosotros mismos inventamos.

Esta ley es la prima elegante del autoengaño. Como decía Mark Twain«Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados». Y es que la verdad tiene esa manía tan molesta de ser complicada y, a veces, de señalarnos con el dedo.

Del catálogo de desviaciones cómodas

  • En la oficina: El proyecto fracasó no porque la planeación fuera un desastre digno de una película de serie B, sino porque «Mercurio estaba retrógrado» o «el mercado no está listo para nuestro genio». Es más fácil culpar a los astros que admitir que nadie leyó el manual.
  • En la salud: Es mucho más sencillo comprar una «faja reductora milagrosa» que se anuncia a medianoche que aceptar la incómoda realidad de que las galletas no cuentan como ensalada. La faja es nuestra cebra; el ejercicio es el elefante al que no queremos ni mirar.
  • En la política: Si el presupuesto desaparece, no es mala gestión; es un «ataque especulativo internacional». Como diría Thomas Sowell: «La primera ley de la política es ignorar la primera ley de la economía».

Del bestiario de la política

  • El tecnicismo semántico: Si el desempleo sube, no se llama «crisis», se llama «ajuste transitorio de la fuerza laboral». Al cambiarle el nombre a la tragedia, la hacemos parecer un proceso científico inevitable y no un fracaso de gestión.
  • El villano exterior (El «Efecto Caballo de Troya»): Si la moneda nacional se desploma porque la máquina de imprimir billetes no ha descansado ni en Navidad, la culpa no es de eso. La culpa es de un oscuro grupo de especuladores internacionales o de una potencia extranjera que desayuna conspiraciones. Es más fácil declarar una guerra económica que dejar de darle al botón de la imprenta.
  • La herencia maldita: Este es un clásico que no pasa de moda. Da igual si llevas tres años en el cargo; si las carreteras tienen baches, es por la ineficacia de la administración anterior. Como decía el humorista polaco Stanisław Jerzy Lec: «En un principio fue el Caos, pero incluso eso fue culpa del gobierno anterior».
  • La cortina de humo moral: Cuando un informe revela corrupción en una obra pública, el político rápidamente inicia un debate sobre algo emocionalmente cargado pero irrelevante para el caso, como el diseño de un nuevo uniforme escolar. La gente termina discutiendo por el color de la tela mientras los fondos siguen desaparecidos.

Su campo natural es la política. La ley de la desviación cómoda ya no funciona como autoengaño, sino como una mentira intencional dirigida a la ciudadanía.

La ley de la desviación cómoda es ese malabarismo mental donde cambiamos una realidad espinosa por una fantasía digerible. La ley de buscar cebras e ignorar elefantes.

Un truco de magia donde desaparecemos nuestra responsabilidad personal para culpar al primer venado que cruce el camino, olvidando que, aunque la mentira nos consuele hoy, el elefante de la verdad seguirá ahí mañana, esperando pacientemente a que dejemos de cazar fantasmas.

Pero esta otra posibilidad provoca que otros sean los que desvíen su atención para la comodidad de quien quiere eludir su responsabilidad.

El problema es que, mientras el gobernante caza sus cebras imaginarias, el elefante de la realidad sigue pisoteando el jardín.

Friedrich Hayek solía advertir que el camino hacia el desastre está pavimentado con estas pequeñas «comodidades» intelectuales que nos evitan enfrentar la verdad de los mercados y las instituciones.

Todo esto lo sabemos y si no lo sabemos, no es arduo concluirlo. Ignorarlo es también parte de ese arte de desviar la vista cómodamente.


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