El error de a justicia social
La justicia, la de verdad, la que no necesita apellidos, es una virtud que se ejerce de persona a persona. Como decía el jurista romano Ulpiano, consiste en «dar a cada uno lo suyo».
La justicia, la de verdad, la que no necesita apellidos, es una virtud que se ejerce de persona a persona. Como decía el jurista romano Ulpiano, consiste en «dar a cada uno lo suyo».
Cuando alguien decide que su creencia no es solo una opción privada, sino un estándar moral que el resto del mundo debe adoptar, incluso a costa de su propia libertad.
Ignorar los prejuicios nobles y la tradición acumulada solo por venerar lo nuevo no nos hace avanzados, sino unos arrogantes abocados a reinventar la rueda.
Como muchas otras cosas, esto empezó en la Grecia antigua, donde se definieron los dos grandes caminos del discurso.
Hemos pasado de la democracia de ciudadanos, el mal mando de la masa, a la «hiperdemocracia» de los instintos, donde el capricho del hombre-masa tiene rango de ley.
La tolerancia es uno de esos conceptos que, como un chicle, se estira tanto que termina perdiendo su forma original.
Hablando de inmigrantes: una breve pieza teatral de siete minutos con tres personajes y solo un acto.
La libertad no es un objeto que se posee, sino un espacio en el que se actúa. Si el derecho pide que me den, la libertad exige que no me interrumpan. Es la diferencia entre recibir una beca y tener la libertad de fundar una escuela.
Nuestras entradas de julio de 2026. Una variedad de asuntos, todos acerca de las verdades que están allí, pero que pocos ven.
Llega un punto en que la probabilidad de un acuerdo que satisfaga plenamente a todos es, técnicamente, cero