El error de la alquimia política

Cuando el nuevo alcalde de Nueva York proclamó su intención de reemplazar la «frigidez del individualismo» con la «calidez del colectivismo» estaba realizando un truco de prestidigitación moral y el mismo viejo error de alquimia política.

Su discurso descansa sobre una premisa mágica y defectuosa: la idea de que las virtudes humanas —como la empatía, la generosidad y la calidez— son propiedades intrínsecas de un sistema económico y no rasgos constantes del carácter individual.

El elefante en la sala: la invariabilidad del vicio

Hay un elefante en la sala que los partidarios de cualquier bando prefieren ignorar: los vicios y las virtudes humanas son independientes del sistema político. Los padecen y disfrutan las dictaduras y las democracias, el socialismo y el capitalismo, todos, sin excepción.

El error es creer que cambiando el sistema político es posible cambiar la esencia de los jugadores. Se dice que el capitalismo es la fuente del egoísmo y que el socialismo es la fuente de la fraternidad, pero la realidad no apoya esa idea.

El vicio no se destruye, solo se transforma según el recipiente que lo contiene. En un sistema de mercado, la ambición puede manifestarse como una búsqueda desmedida de lucro. En un sistema colectivista, esa misma ambición muta hacia la sed de poder, el control burocrático y el favoritismo.

🐘 El error fundamental es uno de alquimia política: suponer que un sistema político puede transformar al plomo en oro, al vicio en virtud. Los vicios y las virtudes humanas son independientes del sistema político o económico.

La idea de que un sistema político puede transformar vicios en virtudes ignora que los sistemas son, en esencia, mecanismos de coordinación. F. Hayek tiene algunas ideas sobre el tema.

1. El sistema como herramienta, no como motor moral

El mercado o el Estado son marcos dentro de los cuales los individuos actúan. Un sistema no puede ser «generoso», ni «altruista», como tampoco puede ser «egoísta», ni «avaro»; solo las personas pueden serlo.

Si un sistema obliga a la redistribución, eso no es «calidez», es coerción legal. La verdadera virtud (la generosidad o la empatía) requiere libertad de elección. Sin la opción de ser egoísta, el comportamiento cooperativo no es una virtud, sino una norma técnica.

2. El desplazamiento de los vicios

Todos los sistemas políticos y económicos son vulnerables a la naturaleza humana. Los vicios no desaparecen, solo cambian de canal.

En el capitalismo, el vicio puede manifestarse como una codicia material que busca el riqueza personal a toda costa.. En el socialismo, el vicio suele mutar hacia la sed de poder político y la corrupción burocrática a toda costa.

El peligro del socialismo es que concentra todos los vicios humanos en un solo punto: el aparato estatal, donde el daño que puede hacer una persona viciosa con gran poder en enorme.

3. La trampa de la emoción

El lenguaje emocional (como usar la palabra «calidez») es a menudo una herramienta de seducción para justificar el control. Él orden social extenso (la sociedad moderna) es necesariamente «impersonal».

Tratar de inyectar la calidez de una familia o de una tribu pequeña en la planificación de una ciudad entera es un error intelectual que lleva al autoritarismo, pues la única forma de que todos «actúen como uno solo» es suprimiendo la voluntad individual.

1. Ebenezer Scrooge: del usurero al comisario del plan

Bajo el sistema del alcalde, Scrooge no se volvería generoso. En lugar de negar préstamos, negaría cupones de ración basándose en tecnicismos, acumulando para sí mismo no dinero, sino influencia y privilegios. La «frigidez» de su corazón seguiría ahí, pero ahora respaldada por el poder del Estado.

2. El Shylock de Shakespeare: del interés al favoritismo

En un régimen colectivista, un hombre con el rencor de Shylock no buscaría justicia en los tribunales comerciales, sino en los tribunales del partido. Usaría las purgas políticas para cobrar sus deudas personales. El vicio de la venganza es independiente de la propiedad privada; el colectivismo solo le daría un arma más letal para ejecutarla.

3. Jay Gatsby: de la opulencia al mercado negro

En un sistema donde la riqueza está prohibida, Gatsby no se conformaría con la igualdad. Su ambición lo convertiría en el rey del mercado negro. La calidez del sistema no frenaría su obsesión; simplemente lo obligaría a ser un criminal en lugar de un magnate. Su vicio no es el dinero, sino la necesidad de validación, algo que ningún sistema económico puede proveer.

4. El Rey Midas: de la acumulación de oro a la acumulación de decretos

Con la patología de Midas en el sistema del alcalde, su «toque» ya no buscaría metales preciosos, sino jurisdicciones. Todo lo que tocaría pasaría a ser propiedad del Estado bajo su control. El vicio de la codicia no desaparece; se transforma en una bulimia administrativa donde el individuo ya no quiere poseer el dinero, sino la potestad de decidir sobre la vida de los demás. La «calidez» del sistema solo serviría para ocultar que el rey sigue queriendo que todo le pertenezca.

5. El mito de Procusto: de la cama de hierro al comité de planificación

Procusto era el posadero que estiraba o cortaba las piernas de sus huéspedes para que se ajustaran perfectamente a su cama de hierro.

En un sistema socialista, el vicio de Procusto se convierte en política oficial: si un individuo no se ajusta al «plan maestro» de la sociedad, se le «recorta» (censura, exilio o prisión) en nombre de la armonía del grupo. El vicio de la intolerancia a la diversidad humana es el mismo, pero el sistema colectivista le otorga la superioridad moral de hacerlo «por el bien de todos».

El elefante en la sala: los sistemas políticos no son hospitales para el alma; son solo estructuras donde los mismos vicios humanos son constantes que cambian de nombre.

  • Codicia: en un sitio es la acumulación de bienes materiales, en el otro es acumulación de poder y privilegios.
  • Soberbia: en una parte es elitismo económico y en el otros elitismo político y moral
  • Crueldad: en un lado es la falta de compasión y en el otro la discriminación política.
  • Narcisismo: de uno es el consumo notorios, pero del otro es el culto al líder.
  • Pereza: en un lugar es el que explota a alguien, en el otro es el vivir del ingreso ajeno si esfuerzo.

Conclusión

Los vicios y las virtudes son constantes humanas. Permanecen en todos los sistemas políticos y económicos.

Los vicios y las virtudes son independientes del sistema económico o políticos. Ningún sistema pueda cambiar esas constantes.

Cuando un sistema cualquiera centraliza poderes, los vicios se acumulan en un punto que los magnifica: une al poder con los vicios.

Cambiar la etiqueta del envase no cambia el veneno. Scrooge o Midas serán igual de peligrosos en el Ayuntamiento que en Wall Street. Solo cambiará su método de acción.

Otro elefante en la sala. El mismo viejo y repetido error de prometer un resultado moral a través de un cambio de sistemas, olvidando que los vicios, como las virtudes, son constantes humanas en todo sistema.

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