El acierto del noble prejuicio
Ignorar los prejuicios nobles y la tradición acumulada solo por venerar lo nuevo no nos hace avanzados, sino unos arrogantes abocados a reinventar la rueda.
Advertencias
Son esos carteles de color rojo chillón que la vida te pone a la altura de los ojos y que tú decides esquivar con una maniobra digna del Cirque du Soleil.
Nos fascinan las señales de alarma siempre y cuando se refieran al vecino de al lado. Sin embargo, cuando el aviso lleva nuestro nombre impreso en negrita, preferimos convencernos de que es un simple error tipográfico de la providencia.
Ignorar una advertencia no hace que el peligro desaparezca; solo garantiza que el impacto sea considerablemente más cómico para los espectadores.
Vivimos esquivando alertas obvias mientras nos felicitamos por nuestra audaz intuición. Pero no se llame a engaño: cuando el parachoques del sentido común termine empotrado contra la realidad, la única sorpresa será que nadie cobrase entrada por ver el accidente.
«El que no oye consejo, no llega a viejo».
«La historia nos enseña que el hombre no aprende nada de la historia». — Hegel
Si ha llegado hasta aquí, debe saber que la fauna que habita este rincón no es uniforme. Lo que está a punto de explorar abajo es una rigurosa guía de campo sobre los especímenes más evasivos del ecosistema humano: esas advertencias que todos vemos pero preferimos ignorar para no agriar el café.
Todas ellas son elefantes en la sala que esta página aspira a señalar con el dedo, bautizar sin miramientos y, de paso, invitar a pasear.
Póngase cómodo, afine la vista y elija su espécimen: la ceguera selectiva acaba de quedarse sin argumentos.
Ignorar los prejuicios nobles y la tradición acumulada solo por venerar lo nuevo no nos hace avanzados, sino unos arrogantes abocados a reinventar la rueda.
La tolerancia es uno de esos conceptos que, como un chicle, se estira tanto que termina perdiendo su forma original.
El síndrome de la foto fija consiste en creer que una cifra actual nos da la verdad, cuando en realidad solo nos da un instante congelado.
Toda organización, por muy buena onda, progre o democrática que pretenda ser, terminará siendo dirigida por un grupito muy pequeño (la oligarquía).
Si la democracia fuese un sistema operativo, esta sería una parte del manual del usuario.
Si el progreso dependiera de la mayoría, todavía estaríamos discutiendo en una cueva las normativas que deben regular al fuego, a las armas de caza y a los espacios de esa cueva.
El mayor peligro de un sistema exitoso es que genera personas que se creen demasiado inteligentes para respetar las reglas que las hicieron prósperas.
No busques líderes perfectos; busca frenos impecables. La experiencia constante nos enseña que todo hombre con autoridad llegará al abuso si no choca contra un muro legal. El poder es peligroso por naturaleza, no por accidente.
Un príncipe inaccesible a los hombres es inaccesible a la verdad. El elefante en la sala es que el líder no decide sobre la realidad, sino sobre el mundo virtual que sus asesores han diseñado para proteger sus propios privilegios.
Una mente abierta a todo suele estar, en realidad, vacía. La tolerancia hoy no es respeto, es indiferencia; es el estado mental del esclavo que ha perdido la capacidad de distinguir la verdad.