El aviso de Ortega y Gasset sobre el progreso
Para comprender la dinámica del progreso humano, es imperativo ver a uno de los elefantes incómodos en la sala: la distinción que José Ortega y Gasset traza en su obra, La rebelión de las masas (1930). Para el filósofo español, la división de la sociedad en «masas» y «minorías» no responde a una jerarquía socioeconómica, sino a una disposición ética y psicológica ante la propia existencia.
🐘 Ortega define al «hombre-masa» como aquel que no se exige nada a sí mismo, que se siente «como todo el mundo» y, lejos de angustiarse por ello, se siente a gusto al reconocerse idéntico a los demás.
🐘 En contraste, el hombre excelente —o la «minoría selecta»— es aquel que vive en un estado de exigencia perpetua.
«Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo —en bien o en mal— por razones especiales, sino que se siente «como todo el mundo» y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás». (Ortega y Gasset, 1930).
Por el contrario, la nobleza para Ortega no es un título heredado, sino un sinónimo de una vida esforzada:
«Para mí, nobleza es sinónimo de vida esforzada, puesta siempre a superarse a sí misma, a trascender lo que ya es hacia lo que se propone como deber y exigencia».
Especulación: la tiranía de la medianía
El motor del progreso no es la inercia de la mayoría, sino la acción disruptiva de estas minorías de excelencia. Grupos de individuos en el emprendimiento, la invención, el arte o la ciencia, han decidido no aceptar el «estado de las cosas» como algo definitivo.
Estas minorías, de las que depende la calidad de vida del resto, se caracterizan por tres rasgos fundamentales:
🐘 El inventor o el artista no busca la comodidad, sino la resolución de una tensión entre lo que existe y lo que podría existir. Es un creador insatisfecho que se aparta de la comodidad media y sin ambición.
🐘 Mientras que la masa busca la seguridad del grupo, la minoría excelente se expone, arriesgando capital y prestigio en ideas inéditas. Es un tomador de riesgos que se aparta de la paz y tranquilidad de lo seguro.
🐘 Al romper una cómoda inercia de tranquilidad, esta minoría de insatisfechos creadores obliga al resto de la sociedad a elevar su mirada y salir de su letargo. Y, sin quererlo directamente, el tomador de riesgos eleva la vida de los otros, produce avances y progreso.

«La envidia es el homenaje que la mediocridad rinde al talento».
«Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho».
«El clavo que sobresale siempre recibe un martillazo».
«A quien mucho se le da, mucho se le exige».
La asfixia del individuo esforzado
Sin embargo, Ortega lanzó una advertencia sobre el momento en que el peso de la masa se vuelve tan abrumador que anula la capacidad de acción de las minorías exigentes con ellas mismas.
Cuando el que se sabe vulgar decide imponer el «derecho de la vulgaridad», se generan mecanismos de parálisis: el triunfo del conformismo, la burocratización del espíritu y un resentimiento instintivo ante cualquier forma de distinción diferencia.
Si la mayoría logra aplastar lo «egregio y calificado», la sociedad deja de innovar para limitarse a gestionar la herencia del pasado y la medianía continua..
El estado de bienestar como sedante de la iniciativa
En este contexto, el estado de bienestar —si bien nace con una intención de justicia— puede transformarse en una fuerza que anula la iniciativa de la minoría creadora.
Cuando el Estado se hipertrofia para garantizar una seguridad absoluta «desde la cuna hasta la tumba», se corre el riesgo de institucionalizar la psicología del hombre-masa. Y todo se transforma en la dictadura de la mayoría mediana y vulgar.
Al eliminar por completo la relación entre el esfuerzo individual y el éxito, o al sobreproteger al individuo de las consecuencias de su propia inacción, se desincentiva la «vida esforzada» de la que hablaba Ortega.
La minoría creadora necesita de la dificultad y el desafío para florecer. Un entorno que prioriza la homogeneidad y la seguridad total por encima del mérito y la audacia termina por burocratizar el genio humano, convirtiendo al potencial innovador en un mero beneficiario pasivo de un sistema que no le exige excelencia, sino conformidad.
¿Qué diría Ricky Gervais sobre esto?
Si Ricky Gervais tuviera que explicar la idea de Ortega y Gasset en uno de sus monólogos quizá diría algo así:
«Miren, el problema es que hemos convencido a todo el mundo de que su opinión vale lo mismo que la de un genio, solo porque tienen una conexión a internet. Eso es la «medianía». Es como si en un hospital, el tipo que limpia los suelos decidiera que su opinión sobre una cirugía de corazón es igual de válida que la del cirujano porque «todos somos iguales».
«Ortega tenía razón: el mundo lo mueven cuatro personas que no duermen porque están obsesionadas con hacer algo increíble. Pero ahora tenemos este sistema donde el objetivo es que nadie se sienta mal por ser un inútil. El estado de bienestar hoy es como ese trofeo que les dan a los niños solo por participar. «Felicidades, no has hecho nada, aquí tienes tu paguita y tu derecho a quejarte de los que sí trabajan». Estamos asfixiando a los que inventan la cura del cáncer porque no queremos herir los sentimientos de los que solo saben ver TikTok».
Pulse aquí para bibliografía de referencia
| Autor | Obra | Concepto clave |
| Ortega y Gasset | La rebelión de las masas | El hombre-masa vs. la minoría selecta. |
| Schumpeter, J. A. | Capitalismo, socialismo y democracia | La función del emprendedor y la «destrucción creativa». |
| Mill, J. S. | Sobre la libertad | La tiranía de la mayoría y el valor de la individualidad. |
| Hayek, F. A. | Camino de servidumbre | El riesgo de que la planificación estatal anule la libertad individual. |
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