La advertencia de Schumpeter-Rothbard
Eres un genio en tu oficina, pero un niño de primaria en la urna. Schumpeter advirtió que el ciudadano más brillante se vuelve primitivo e irracional en cuanto toca la política
Advertencias
Son esos carteles de color rojo chillón que la vida te pone a la altura de los ojos y que tú decides esquivar con una maniobra digna del Cirque du Soleil.
Nos fascinan las señales de alarma siempre y cuando se refieran al vecino de al lado. Sin embargo, cuando el aviso lleva nuestro nombre impreso en negrita, preferimos convencernos de que es un simple error tipográfico de la providencia.
Ignorar una advertencia no hace que el peligro desaparezca; solo garantiza que el impacto sea considerablemente más cómico para los espectadores.
Vivimos esquivando alertas obvias mientras nos felicitamos por nuestra audaz intuición. Pero no se llame a engaño: cuando el parachoques del sentido común termine empotrado contra la realidad, la única sorpresa será que nadie cobrase entrada por ver el accidente.
«El que no oye consejo, no llega a viejo».
«La historia nos enseña que el hombre no aprende nada de la historia». — Hegel
Si ha llegado hasta aquí, debe saber que la fauna que habita este rincón no es uniforme. Lo que está a punto de explorar abajo es una rigurosa guía de campo sobre los especímenes más evasivos del ecosistema humano: esas advertencias que todos vemos pero preferimos ignorar para no agriar el café.
Todas ellas son elefantes en la sala que esta página aspira a señalar con el dedo, bautizar sin miramientos y, de paso, invitar a pasear.
Póngase cómodo, afine la vista y elija su espécimen: la ceguera selectiva acaba de quedarse sin argumentos.
Eres un genio en tu oficina, pero un niño de primaria en la urna. Schumpeter advirtió que el ciudadano más brillante se vuelve primitivo e irracional en cuanto toca la política
La redistribución de riqueza no quita el dinero a los ricos para dárselo a los pobres; se lo quita a todos para que el Estado sea el único millonario de la sala.
Saturno devoró a sus hijos por miedo a una profecía. Hoy, los gobernantes sacrifican el futuro de un país entero solo para no perder su silla.