El trastorno de la utopofrenia mesiánica

mitin político de un populista y entre la multitud hay dos elefantes a los que nadie hace caso

Un gobernante dijo recientemente, «Demostraremos que no hay problema demasiado grande para que el gobierno lo resuelva, ni preocupación demasiado pequeña que no le importe»

Franklin D. Roosevelt, hace ya tiempo, dijo que «El gobierno tiene la responsabilidad final de la seguridad de sus ciudadanos. Si los intereses privados no pueden o no quieren proporcionar esa seguridad, el gobierno debe dar un paso al frente».

Olof Palme afirmó que «Para nosotros, la democracia es una cuestión de dignidad humana. Y la dignidad humana es el derecho a la salud, al trabajo, a la educación y al bienestar social… El Estado es el instrumento de la solidaridad»

Estos y otros muchos más parten de una premisa de optimismo desbordado. Suponen que no hay problema que el gobierno y la burocracia no puedan resolverle al ciudadano y lograr que sea él feliz. Un trastorno político considerable y otro elefante en la sala que pasa desapercibido.

Utopofrenia mesiánica

Describe un estado mental específico de distorsión de la realidad donde el sujeto cree ciegamente que una estructura externa (el Estado) posee una capacidad casi divina o mesiánica para erradicar el sufrimiento humano y diseñar una sociedad perfecta.

sala minimalista con gente que no nota al elefante en el jardín, excepto uno

Trastorno de la percepción sociopolítica caracterizado por la creencia obsesiva de que las estructuras burocráticas poseen la omnisciencia y la benevolencia necesarias para eliminar para siempre el riesgo, el dolor y el esfuerzo de la existencia humana. Sus síntomas:

🐘 Alucinación de la gratuidad: El paciente es incapaz de percibir el origen de los recursos. Cree firmemente que el Estado crea recursos por generación espontánea y no mediante la expoliación de recursos privados.

🐘 Delirio de «La Solución Óptima»: Convicción de que cada problema social (pobreza, tristeza, desigualdad) tiene una solución técnica definitiva que solo requiere de más presupuesto, más programas y más expertos.

🐘 Anhedonia de la responsabilidad: Incapacidad para sentir satisfacción a través del logro personal o el esfuerzo propio. El paciente experimenta una transferencia de su voluntad hacia una entidad abstracta (el Gobierno).

🐘 Hostilidad hacia la realidad: Irritabilidad extrema ante cualquier mención de la escasez, las leyes económicas o las limitaciones biológicas y humanas.

Según Roger Scruton, la idea de que el Estado debe garantizar la felicidad y resolver cada problema «desde la cuna hasta la tumba» no es solo una utopía inalcanzable, sino una forma de «optimismo sin escrúpulos». Esta mentalidad se basa en la creencia de que los problemas humanos son «soluciones a la espera de ser aplicadas» por expertos técnicos o burócratas.

Para Scruton, el optimista sin escrúpulos es aquel que cree que las imperfecciones del mundo pueden eliminarse mediante la planificación central y la ingeniería social. Se denomina «sin escrúpulos» por tres razones principales:

🐘 Cree que el progreso hacia la utopía justifica cualquier sacrificio, a menudo utilizando el dinero o la libertad de otros para financiar sus planes.

🐘 Considera que las tradiciones, las costumbres y la sabiduría heredada son obstáculos para el «progreso», en lugar de ser los cimientos que mantienen unida a la sociedad.

🐘  Al prometer que el Estado resolverá todo, despoja al ciudadano de su deber de cuidar de sí mismo, de su familia y de su comunidad.

El elefante en la sala de la utopofrenia mesiánica

Scruton argumenta que la felicidad no es un «bien» que un gobierno pueda distribuir como si fuera electricidad o agua potable. La felicidad es un subproducto de una vida con propósito, la cual se construye a través de vínculos afectivos, el trabajo, la virtud y la pertenencia a una comunidad.

Cuando el Estado intenta ocupar ese espacio: el ciudadano deja de ser un agente activo para convertirse en un cliente del Estado; las iglesias, las asociaciones benéficas, los clubes y las familias pierden su razón de ser cuando el gobierno asume todas sus funciones; y al prometer una felicidad que no puede entregar, el Estado genera una frustración constante en la población, que siempre exigirá más soluciones a problemas que son, en esencia, parte de la condición humana.

En otras palabras, la utopofrenia mesiánica es creer que un burócrata puede fabricar tu felicidad con el dinero de tu vecino. Es el delirio de pensar que el Estado es un dios y no una oficina de correos lenta. Tu felicidad no es un servicio público que se pueda conectar como el agua. Quien te promete un mundo sin dolor no es un líder, es un vendedor de humo que te cobrará la entrada al infierno.

La solución de Scruton: el «pesimismo escrupuloso»

Frente a este optimismo ciego, Scruton propone lo que podríamos llamar un realismo o pesimismo escrupuloso. No se trata de ser negativo, sino de reconocer que: el mal y el sufrimiento son inevitables; las soluciones suelen crear nuevos problemas; y para que un ciudadano sea libre, debe tener la posibilidad de fallar y la responsabilidad de levantarse.

«El optimista sin escrúpulos siempre está dispuesto a sacrificar lo que es valioso en el presente en nombre de una felicidad futura que nunca llega».

Una posible escena teatral: «El Ministerio de la Dicha Asegurada»

Funcionario: «¡Deténgase! No puede usted estar triste sin el permiso 4-B21. El Gobierno ha decretado que hoy, entre tres a cinco de la tarde, los ciudadanos mostrarán «Optimismo Desbordante» según el Plan General de Felicidad o PGF. Mire esta gráfica: su melancolía nos está bajando el promedio nacional de satisfacción en tiempo real y el Ministro va a tener un disgusto mayor».

Ciudadano: «Pero es que mi mujer se ha enfermado de gravedad…».

Funcionario: «¡Qué falta de civismo! El Estado le proveerá, en caso necesario, de una mujer de repuesto debidamente homologada por la Dirección General de Afectos y Deseos o DGAD. Firme aquí la forma BDGAD-2438z y sea feliz inmediatamente, o me veré obligado a multarle por pesimismo ilegal».

🔎 Los corolarios del efecto Dunning-Kruger

🔎 La gestión de la sociedad óptima imperfecta

Referencias

La cita inicial es de Zohran Mamdani durante su discurso de victoria tras ser elegido alcalde de la ciudad de Nueva York el 4 de noviembre de 2025. La declaración completa fue la siguiente: «We will prove that there is no problem too big for government to solve, and no concern too small for it to care about»

Clement Attlee dijo que «La caridad es una cosa fría, gris y sin amor. Si un hombre rico quiere ayudar a los pobres, debería pagar sus impuestos con gusto, no repartir dinero por capricho». William Beveridge afirmó que «El objetivo del gobierno… es la felicidad del hombre común». El rey Jigme Singye Wangchuck (Bután) aseguró que «La Felicidad Nacional Bruta es más importante que el Producto Interno Bruto».

Imperdibles: Scruton, R. (2010). «The Uses of Pessimism and the Danger of False Hope». Oxford University Press. Edición en español: «Usos del pesimismo: El peligro de la falsa esperanza» (2010). Editorial El Buey Mudo. También: Scruton, R. (2015). «Fools, Frauds and Firebrands: Thinkers of the New Left». Bloomsbury. Edición en español: «Pensadores de la nueva izquierda» (2017). Rialp.


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