La gestión de la sociedad óptima imperfecta

los elefantes que nadie ve y que sostienen a muchos

La idea es tan sencilla que resulta incómoda: la sociedad perfecta es un imposible absoluto. Quien crea que puede construir un paraíso en la Tierra mediante decretos, solo se está engañando a sí mismo (y probablemente arruinando el presupuesto público en el proceso).

Ahora bien, aceptado ese límite biológico y social, se abre una posibilidad bastante más interesante: la existencia de una sociedad óptima imperfecta.

Es decir, una comunidad plagada de fallos, injusticias y problemas cotidianos, pero que, por pura combinación de factores, se encuentra en el punto máximo de equilibrio que la naturaleza humana permite. Un estado en el que cualquier intento de «mejorarla a lo grande» terminará, inevitablemente, empeorándola.

El verdadero dilema ético para cualquier gestor o gobernante es que nunca sabrá si ya está viviendo en esa sociedad óptima.

Esta brillante intuición surge de las reflexiones de Charles A. Murray en su obra In Pursuit: Of Happiness and Good Government. Y las consecuencias de asumir este principio son revolucionarias para la salud mental de cualquier ciudadano.


Si aceptas que la perfección es un mito pero que podrías estar rozando el techo de lo alcanzable, las opciones de gestión se reducen a dos: cruzarte de brazos por pánico o actuar bajo un principio de cautela quirúrgica.

Como en la alta política todo suena bastante más respetable cuando se formula en latín, llamémoslo el principio de nōn dēteriōrandī condiciōnem: al intentar arreglar un problema focal, la prioridad absoluta es no empeorar el panorama general.

No se trata de paralizar las reformas, sino de operar con la prudencia de un relojero. Al arreglar la grieta de una pared, asegúrate de no derribar el muro que sostiene el tejado.

Un programa mal diseñado para paliar la pobreza puede terminar destruyendo el incentivo al trabajo o desmantelando las redes familiares de apoyo. Las reformas a gran escala impulsadas por la búsqueda de la «sociedad ideal» introducen un nivel de incertidumbre tan desorbitado que el riesgo de terminar en un desastre sistémico es inaceptablemente alto.

Manual de supervivencia para gobernantes: Asume que ya vives en el mejor de los mundos posibles. No por optimismo candoroso, sino por puro pavor a la ley de consecuencias imprevistas. Si intentas fabricar el paraíso a martillazos, lo único que vas a conseguir es que todos terminemos viviendo entre las ruinas.


La historia está repleta de entusiastas que, intentando solucionar un problema puntual mediante soluciones mágicas a gran escala, terminaron provocando auténticas catástrofes.

La Campaña de las Cuatro Plagas (China, 1958)

El régimen de Mao Zedong decidió exterminar a los gorriones porque se comían una parte de las cosechas de grano. Parecía un plan perfecto: menos pájaros, más comida. ¿El resultado? Al extinguir a los gorriones, la población de langostas e insectos se disparó sin control, devorando los campos y contribuyendo directamente a la Gran Hambruna China, donde murieron decenas de millones de personas. El intento de perfeccionar la producción agrícola destruyó el ecosistema completo.

La Ley Seca (Estados Unidos, 1920)

Con el objetivo de mejorar la salud pública, reducir la delincuencia y elevar la moral del país, la Decimoctava Enmienda prohibió el alcohol. La realidad fue que no se redujo el consumo, sino que se convirtió en un monopolio clandestino que financió la época dorada del crimen organizado, disparando la corrupción policial y la violencia en las calles a niveles jamás vistos.

La perca del Nilo en el Lago Victoria (Década de 1950)

Para aumentar la producción pesquera comercial y dinamizar la economía local, se introdujo la perca del Nilo en el Lago Victoria. Este voraz depredador terminó erradicando a más de doscientas especies nativas de peces, destruyendo la biodiversidad única del ecosistema y dejando a la población local sin sus fuentes tradicionales de subsistencia a largo plazo.


«La utopía es el sueño de la razón que genera las peores pesadillas de la ingeniería social; si un problema tiene solución, aplícale cirugía fina, no una demolición con dinamita.»

Referencias de lectura

🐘 Thomas Sowell — Conflicto de visiones (1987). Un análisis clásico sobre la tensión entre la «visión restringida» (que acepta las limitaciones inherentes a la naturaleza humana) y la «visión no restringida» (que cree en la posibilidad de moldear la sociedad perfecta).

🐘 Charles A. Murray — In Pursuit: Of Happiness and Good Government (1988). Una obra magistral que analiza cuáles son las condiciones reales que permiten a los individuos alcanzar la felicidad y cómo las intervenciones estatales masivas suelen desmantelar los mecanismos orgánicos de la sociedad.

🐘 Karl Popper — La sociedad abierta y sus enemigos (1945). Ensayo clave donde el autor contrapone la «ingeniería social utópica» (reconstrucción totalitaria de la sociedad) frente a la «ingeniería social gradual», centrada en solucionar problemas concretos minimizando el sufrimiento.

🐘 El trastorno de la utopofrenia mesiánica

🐘 La ley de acuerdos decrecientes

🐘 El error de la alquimia política

🐘 La hipótesis de la anciana de Siracusa

🐘 El acierto del noble prejuicio

🐘 El error de a justicia social


Edición última:

Comments are closed.