La advertencia oligárquica de Michels

Un parque público en 1920 con un elefante paseando si que nadie lo note

Imagina que decides montar un club de lectura con tus amigos. Todos son iguales, todos votan y todos traen galletas.

Pero, en un par de meses, notas que Juan es el que siempre elige el libro, Marta lleva las cuentas y, si no fuera por ellos dos, el club ni siquiera se reuniría. Sin darte cuenta, tu democracia perfecta ahora es una dictablanda de Juan y Marta.

Eso, básicamente, es la ley de hierro de la oligarquía.

Propuesta por Robert Michels, esta ley dice que toda organización, por muy buena onda, progre o democrática que pretenda ser, terminará siendo dirigida por un grupito muy pequeño (la oligarquía). No es que sean malvados por naturaleza, es que la estructura de la vida real lo exige.

Este es el elefante en la sala. Está allí para verlo, pero todos lo ignoran.

2. ¿Por qué sucede? (tres razones)

🐘 Necesitamos organización: Cuando un grupo crece, no puedes preguntar a mil personas qué marca de café comprar. Necesitas a alguien que decida rápido.

🐘 La especialización: Con el tiempo, los que mandan aprenden trucos, conocen a la gente importante y saben cómo funciona el sistema. El resto de nosotros solo estamos ahí mirando.

🐘 La pereza de la masa: Seamos honestos, a la mayoría de la gente le encanta que le digan qué hacer. Delegamos nuestra libertad por comodidad, dejando que los líderes guíen el barco mientras nosotros vemos la serie de turno.


Si aceptamos que esta ley es tan inevitable como la gravedad, el panorama político cambia bastante. Aquí algunas conclusiones para reflexionar:

  • El fin del romanticismo democrático: La democracia pura, donde todos mandan por igual, es un mito. La política no es una batalla entre el pueblo y los malos, sino entre diferentes élites que compiten por el favor del pueblo.
  • El interés propio es el rey: Los líderes, una vez que prueban el poder, suelen priorizar mantenerse en el trono antes que cumplir sus promesas. No es que te hayan mentido (bueno, a veces sí), es que la estructura del poder les obliga a sobrevivir.
  • La importancia de las reglas, no de las personas: Como sabemos que el grupito que mande intentará quedarse ahí para siempre, la clave no es buscar al líder perfecto o bondadoso, sino crear leyes que le impidan hacer lo que quiera. El secreto está en las correas, no en el perro.
  • El juego de las etiquetas: Cuando un político llama oligarcas a sus rivales, lo más probable es que él mismo esté dirigiendo su propia oligarquía. En política, el término se usa más como un insulto para el vecino que como una autocrítica.
una celebración del día de la Victoria en donde hay un elefante que nadie ve

«Quien dice organización, dice oligarquía». — Robert Michels.

«Donde mandan muchos, no manda ninguno; donde manda uno, se hace el desayuno».

«La democracia es el proceso mediante el cual el pueblo elige a la persona que le echará la culpa de todo». — Bertrand Russell

Un ambiente oscuro, en un parque, una banca alejada en un rincón distante de un parque poco transitado en un suburbio fuera de la ciudad. Un gobernante habla en voz baja y nos explica la advertencia oligárquica en susurros.

Mira, off the record, te lo diré de frente, ahora que no hay micrófonos y nadie nos escucha. La democracia es una puesta en escena, pero detrás del telón, la realidad es de hierro. Ninguna organización funciona con asambleas eternas ni votos eternos. Necesitas a alguien que apague incendios y tome decisiones a las tres de la mañana. Ese alguien termino siendo yo, o un par de amigos más. Al principio lo haces por el bien común, pero luego te das cuenta de que la estructura te obliga a ser el dueño del balón si no quieres que el partido se acabe y termines sin modos de ganarte la vida.

A la gente le encanta hablar de participación, pero la mayoría prefiere que yo cargue con la responsabilidad de equivocarme. Eso nos da el control. Con el tiempo, mi prioridad deja de ser el idealismo y pasa a ser que la maquinaria no se detenga y no pueda ya seguir al mando. Sí, nos volvemos una élite, pero es que sin nosotros, el club de fans se disuelve en diez minutos. Al final, la política no es elegir entre el pueblo y la oligarquía; es elegir a qué grupo de expertos le vas a entregar las llaves. Nosotros solo fingimos que las llaves siguen siendo tuyas. ¿Quieres que te cuente cómo logramos que las bases crean que ellos tomaron la decisión que ya habíamos pactado anoche?


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