Los riesgos de la tolerancia según Kuehnelt-Leddihn

Una ciudad medieval llena de gente que se dedican a lo suyo sin notar a un elefante.

En nuestra época, palabras como «tolerancia» y «multiculturalidad» se han convertido en fetiches del lenguaje, cáscaras vacías diseñadas para evitar el esfuerzo de pensar. Nos aseguran que aceptar todo es una virtud, pero ignoran que una mente abierta a todo suele estar, en realidad, vacía.

Como advirtió Kuehnelt-Leddihn, la verdadera tolerancia no es la ausencia de creencias, sino el respeto hacia el otro a pesar de tener convicciones firmes. Quien no cree en nada no es tolerante; es simplemente indiferente. La indiferencia es el estado mental del esclavo satisfecho: no juzga porque ha perdido la capacidad de distinguir la verdad de la mentira.

«…tenemos que admitir que existen ciertos límites para la tolerancia. No pueden tolerarse todos los comportamientos, todas las ideologías políticas en todo momento… Aquellos que carecen de principios, de convicciones arraigadas, de dogmas, no pueden ser tolerantes; solo pueden ser indiferentes, lo cual es una cuestión completamente distinta». E. von Kuehnelt-Leddihn

Una ciudad medieval llena de gente que se dedican a lo suyo sin notar a un elefante.

La cita lleva a dos caras del elefante en la sala. El riesgo de una mentira y el de dejar de pensar

I. El riesgo de la igualdad cultural

La tolerancia indiscriminada insiste en que todas las culturas y sistemas de valores poseen el mismo peso moral. Es una mentira confortable, pero sigue siendo una mentira.

La convivencia no es un mecanismo mágico que surge por decreto; requiere un suelo común de libertad individual. Si una sociedad tolera a quienes predican la aniquilación del pensamiento libre, no está siendo progresista, está siendo suicida.

No se puede construir un edificio sólido utilizando ladrillos y dinamita por igual. Al final, esta falsa equivalencia no genera integración, sino guetos mentales y físicos donde los grupos se ignoran mutuamente hasta que la cohesión social se disuelve por completo.

II. El riesgo de anular la razón

El poder establecido ha logrado que el acto de juzgar se perciba como un crimen social. Bajo el régimen de lo «políticamente correcto», se educa para sustituir el pensamiento por el sentimiento.

Si uno deja de distinguir lo verdadero de lo falso para evitar el conflicto, el músculo de la razón se atrofia. Esta indolencia mental es el objetivo final de toda ingeniería social: una población que no puede juzgar es una población que no puede resistir.

Sin criterios firmes, la cultura desaparece y solo queda un vacío intelectual, una «idiotización masiva» donde la verdad es sacrificada en el altar de una paz artificial y mentirosa.

En otras palabras, una mente abierta a todo suele estar, en realidad, vacía. La tolerancia hoy no es respeto, es indiferencia; es el estado mental del esclavo que ha perdido la capacidad de distinguir la verdad. Hemos convertido el acto de juzgar en un crimen. Pero una cultura que no se atreve a decir «esto es verdad y aquello es mentira» ha perdido su voluntad de existir y su derecho a ser libre

🔎 El error de la alquimia política


Lo que comenzó como un ideal de convivencia ha degenerado en dos riesgos reales y presentes producidos por la exaltación ingenua de la «tolerancia ilimitada», donde no encontramos el paraíso multicultural, sino el cementerio de la inteligencia y la libertad.

🐘 Hemos permitido que se confunda la paz con la pasividad. El hombre que no tiene dogmas ni principios no es un ciudadano modelo; es un hombre desarmado. Sin una base de valores firmes, la tolerancia es solo un nombre elegante para la rendición.

🐘 Cuando se prohíbe el juicio crítico, la sociedad deja de ser un organismo vivo para convertirse en una masa inerte. Una cultura que no se atreve a decir «esto es mejor que aquello» o «esto es verdad y aquello es mentira» ha perdido su voluntad de existir.

🐘 Si la libertad de pensamiento se sacrifica para no perturbar la «armonía», terminaremos en un mundo donde nadie se siente ofendido porque nadie tiene la capacidad de pensar por sí mismo. La tolerancia sin límites no es el triunfo de la justicia, sino el preludio del totalitarismo de la nada.

Diccionario de Neolengua: Edición de la Tolerancia

(Hat tip a George Orwell)

Verdadflex (Flex-truth): La idea de que la verdad no es sólida ni absoluta, sino un gas que se expande o contrae según la necesidad política del momento.

Piensabien (Goodthink): La capacidad de aceptar dos creencias contradictorias como igualmente válidas, siempre que ambas sean declaradas «tolerantes» por el Partido.

Sinjuicio (Non-judgment): El acto de extirpar el sentido crítico. Se considera una virtud suprema; juzgar la verdad es un crimental.

Mentenblanco (Blank-mind): El estado ideal del ciudadano que, al carecer de dogmas o convicciones, es perfectamente «tolerante» (indiferente) y, por lo tanto, dócil ante cualquier cambio en la doctrina oficial.


Muy recomendable: von Kuehnelt-Leddihn, Erik Ritter. Leftism: From de Sade and Marx to Hitler and Marcuse.

Edición última:

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