La regla del tercio imperante

la vida sigue mientras no se vena a los elefantes ocultos

Nos venden las victorias electorales como apoteosis democráticas cuando, números en mano, el presidente de turno suele gobernar con la bendición express de solo uno de cada tres ciudadanos. La apatía abstencionista y la aritmética hacen el resto: si convences a tu minúscula minoría fiel, el país entero es tuyo.


El elefante en la sala es el censo electoral, al que no se ve por colocar toda la atención en la mayoría votante. Por ejemplo, un país con un censo de 10 millones de electores y los siguientes resultados en una elección: el candidato ganador obtuvo el 55% de los votos emitidos, el perdedor, 45%. En las noticias se reportará: «El Candidato A arrasa con una mayoría absoluta del 55%»

Ahora lo que no se ve: 6 millones de votos emitidos, de ellos el 55% es de A, eso es igual a 3.3 millones de votos. Ya que existen 10 millones de electores, el candidato realmente gana con solo un tercio de esos electores.

Casos reales

🐘 En EE. UU., el sistema de Colegio Electoral complica las cosas, pero el voto popular es revelador. 2020: Hubo una participación histórica. Aun así, Joe Biden, con el récord de votos en la historia de EE. UU., obtuvo el respaldo de aproximadamente el 34% del total de ciudadanos en edad de votar.

🐘 Históricamente, Colombia ha tenido tasas de abstención cercanas al 50%. En la segunda vuelta de 2022, Gustavo Petro ganó con un 50,44% de los votos emitidos. Sin embargo, la participación fue del 58%. Esto significa que el presidente fue elegido por aproximadamente el 29% del censo electoral. Siete de cada diez colombianos no votaron por él (ya sea porque votaron por el rival o porque se quedaron en casa).

El caso de «Abstention City»

Una ciudad donde el voto es un derecho, pero la gente está tan desconectada que solo el 10% acude a las urnas. El alcalde gana con el 60% de ese pequeño grupo. El alcalde gobierna a 100.000 personas habiendo sido elegido solo por 6.000.

Basta con persuadir a un tercio del censo electoral para gobernar a los otros dos tercios que se dividen entre el rechazo y la apatía

Al final, la aritmética es terca y la realidad es amarga: voto de pocos, gobierno para todos. Candidatos elegidos por minorías claras gobernarán a la totalidad.

🐘 Democracia OS


La regla del tercio imperante tiene consecuencias.

🐘 Los medios declaran vencedores claros, los candidatos presuponen que representan a la gente. La gente cree que ha ganado la mayoría. Todo es apariencia. En realidad solo un tercio del censo electoral ha decidido quién gobernará.

🐘 Los candidatos más cínicos dejan de pensar en el país entero y se enfocan solo en «movilizar a su base», porque saben que un tercio del censo total les basta para ganar aunque muchos voten por la oposición y otros se abstengan.

🐘 Y, peor aún, la minoría que domina al partido que gana con esa minoría de un tercio de votantes es la que en realidad gobernará al país e impondrá sus ideas en la totalidad.

Al estilo de Maquiavelo: «El poder no se cuenta por cabezas, sino por voluntades. Si de tres hombres, dos callan y uno actúa, el que actúa es dueño de los tres. No busques el amor de la masa inerte; busca la disciplina de tu minoría fiel. En política, la ausencia del pueblo es la seguridad del Príncipe».

El caso de España: elecciones generales 2023

En estas elecciones se produjo un fenómeno curioso: una participación relativamente alta para los estándares actuales (casi el 70%), pero que aun así deja al «ganador» con un respaldo social muy alejado de la mayoría absoluta del país.

Los números fríos. Censo electoral total: Aproximadamente 37,4 millones de personas (incluyendo residentes en el extranjero). Abstención: 33,4% (alrededor de 12,5 millones de personas decidieron no votar). Ganador (PP): Obtuvo 8.160.837 votos. Segundo (PSOE): Obtuvo 7.821.718 votos.

Es decir, el Partido Popular «ganó» las elecciones con un 33,1% de los votos emitidos. Sin embargo, si se aplica la lógica de descontar la abstención y calcular el apoyo sobre el censo total: El «Partido de la Abstención»: Fue la fuerza más grande con un 33,4%. El Ganador Real (PP): Obtuvo solo el 21,8% del apoyo de los españoles con derecho a voto. El Segundo (PSOE): Obtuvo el 20,9% del censo total.

En España, para gobernar se necesitan 176 escaños. El bloque que finalmente logró formar gobierno lo hizo sumando múltiples partidos. Si se suman los votos de toda la coalición de investidura, el respaldo social sigue sin alcanzar el 50% del censo total. Esto refuerza la idea: «Se gobierna para el 100% con el permiso explícito de apenas el 20% o 30%».


¿Es legítimo un gobierno elegido por una minoría del censo?

Legalmente sí, porque las normas del juego premian a quien acude a votar. Democráticamente es discutible, ya que revela una profunda brecha de representatividad donde la mayoría del país desaprueba o ignora la oferta política.

¿Qué ocurre si la abstención o el voto en blanco es masivo?

Sistemas como el español no anulan elecciones por baja participación o votos en blanco. Sin embargo, éticamente desmantela la autoridad moral del gobierno electo, dejando al descubierto lo desgastado que está el pacto social.

¿Por qué a los políticos no les asusta la alta abstención?

Porque el sistema contabiliza el poder en función de los votos válidos emitidos, no sobre el censo total. A un candidato le resulta más barato y seguro fidelizar a una minoría convencida que intentar convencer al resto del electorado apático.

Referencias bibliográficas

🐘 Saramago, J. (2004). Ensayo sobre la lucidez. Editorial Alfaguara.

🐘 Maquiavelo, N. (1513). El príncipe. Alianza Editorial.

🐘 Linz, J. J. (1990). La quiebra de las democracias. Alianza Editorial.

🐘 La ley de acuerdos decrecientes

🐘 La advertencia oligárquica de Michels

🐘 La curiosa idea de de Puydt: la panarquía

🐘 La ley del oropel de Potemkin

🐘 El mal mando de la masa

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