Libertad sin democracia: posibilidad real

otras distracciones poderosas que impiden ver al elefante de al lado

Un ejercicio de filosofía política que distingue entre la fuente del poder (quién manda) y el alcance del poder (cuánto manda). Es una distinción que autores como Charles Murray, o incluso pensadores de la tradición liberal clásica como Tocqueville o Bruno Leoni, han explorado.

La idea como quizá el mismo Tocqueville hubiera escrito:

Una democracia puede ser una jaula de seda, pero si el Estado regula hasta el aire que respiramos bajo el pretexto del bien común, esa seda pesa más que el hierro de cualquier monarca absoluto del pasado.

Otro de los elefantes en la sala que no se ven fácilmente y este, en especial, está muy camuflado.


De los casos de libertad sin democracia, una idea provocadora porque obliga a admitir que el voto no es un escudo infalible contra la opresión, sino a veces el motor que la implanta.

🐘 Hong Kong bajo el mandato británico: Antes de 1997, Hong Kong no era una democracia; era una colonia gobernada por un gobernador designado por Londres. Sin embargo, gozaba de un Estado de derecho, libertad económica y libertad de expresión muy superiores a casi cualquier democracia de la época.

🔎 La hipótesis de Pottinger

🐘 Liechtenstein: Es técnicamente una monarquía constitucional con un príncipe que retiene poderes significativos (como el veto). Sin embargo, sus niveles de libertad económica y personal son de los más altos del mundo, en parte porque el Estado es minúsculo y la descentralización es total.

🐘 La España de la Ilustración vs. la actualidad: Un ciudadano del siglo XVIII tenía que pagar pocos impuestos y nadie le decía cómo debía gestionar su propiedad o qué términos usar al hablar. Hoy, la democracia puede monitorear cada transacción bancaria y regular cada metro cuadrado de una construcción privada.


La confusión habitual es creer que democracia y libertad son sinónimos. No lo son.

🐘 La tiranía de la mayoría: En una democracia, el apoyo popular puede legitimar la intromisión del Estado en aspectos íntimos: desde cuánto azúcar consumes hasta cómo debes educar a tus hijos. Si el 51% decide que el 49% no puede fumar en su propia casa, eso es democrático, pero no es libre.

🐘 La autoridad limitada: Un monarca absoluto o un régimen no democrático puede ser indiferente a la vida privada de sus súbditos. Si el soberano solo se preocupa por la defensa y los impuestos básicos, pero deja que el comercio, la religión y la cultura fluyan sin regulaciones, el ciudadano vive en un entorno de mayor autonomía real que en una democracia hiperregulada.

🐘 🐘 🐘 Es posible que dentro de una monarquía absoluta los ciudadanos gocen de mayores libertades que bajo un régimen democrático. La democracia no es sinónimo de libertad.

Singapur (Etapa de Lee Kuan Yew): Aunque nominalmente es una democracia, se le ha clasificado a menudo como un régimen autoritario de partido único. Sin embargo, en términos de libertad económica, seguridad jurídica y derechos de propiedad, Singapur ha superado sistemáticamente a casi todas las democracias occidentales. El ciudadano singapurense no podía votar con alternancia real, pero su capacidad para emprender, viajar y acumular riqueza era (y es) inmensa frente a la burocracia europea.

El Imperio Austrohúngaro: Era una monarquía multinacional donde, a pesar de no haber una democracia plena, existía un respeto escrupuloso por la propiedad privada, una moneda estable (el patrón oro) y una libertad cultural que permitió el florecimiento de Viena. Un ciudadano podía cruzar fronteras y abrir negocios con una mínima interferencia estatal, algo que las democracias nacionales posteriores destruyeron con aranceles y controles de capital.

La libertad no depende de quién tiene el mazo en la mano, sino de cuántas cosas tiene prohibido golpear ese mazo.

«No es la forma de gobierno lo que importa, sino el grado de control que el Estado ejerce sobre el ciudadano».— Bertrand de Jouvenel

«Bajo el absolutismo de uno solo, la libertad es a veces mayor que bajo la democracia. En el primer caso, el gobernante tiene un límite claro: el miedo a la revuelta. En el segundo, el límite se difumina porque la mayoría cree que se está mandando a sí misma». — Atribuido a menudo como paráfrasis de las ideas de Friedrich Hayek.

Existen tres pilares que sostienen la posibilidad de que un régimen no democrático sea más respetuoso con las libertades individuales:

🐘 Economía de la intervención: Un dictador o un rey no necesitan comprar votos. En las democracias modernas, los políticos compiten ofreciendo «derechos» que en realidad son transferencias de recursos, lo que requiere un aparato burocrático y fiscal asfixiante. Un régimen no democrático no tiene ese incentivo para expandir el Estado infinitamente.

🐘 Estabilidad legal: La democracia tiende a la diarrea legislativa. Cada nueva legislatura cambia las reglas del juego. Bajo regímenes estables de corte tradicional, las leyes suelen ser pocas, claras y duraderas, lo que permite al individuo planificar su vida sin el miedo a que un decreto de martes por la mañana invalide su negocio.

🐘 Fragmentación del poder social: Históricamente, las monarquías convivían con fueros, gremios y la Iglesia. El poder estaba repartido. El Estado democrático moderno, bajo la bandera de la «igualdad», suele barrer con estos cuerpos intermedios, dejando al individuo solo frente a la maquinaria estatal.

🔎 El principio de hacer nada es hacer mucho

En resumen

Un monarca sabe que su legitimidad es frágil y personal; si oprime demasiado, pierde la cabeza. Un gobierno democrático, en cambio, se siente investido de una «voluntad general» moralmente superior.

Esto le permite entrar en tu cuenta bancaria, registrar tus comunicaciones o prohibir hábitos personales con una impunidad que un rey del siglo XVIII ni siquiera habría soñado.

Como decía Erik von Kuehnelt-Leddihn, un monarca es como el dueño de una casa (la cuida para sus herederos), mientras que un político democrático es como un inquilino (la exprime al máximo antes de que termine su contrato).

O como lo hubiera resumido un tabernero ilustrado:

Miren, esto es otro elefante en la sala: es preferible un jefe que no me cae bien pero que me deja abrir el negocio, a un vecino que me vota a favor mientras me dice en qué cajón debo guardar los cubiertos. El problema de la democracia moderna es que es como una junta de vecinos donde todos quieren decidir de qué color pintas tu salón. El rey de antes era como un casero huraño: mientras le pagaras el alquiler, no quería saber si dormías en el sofá o en la alfombra. Hoy, el «pueblo» se siente con derecho a entrar en tu cocina a ver si tienes demasiada sal en el salero. Al final, no importa cuántas manos sujeten el palo, sino lo fuerte que te pegan con él. Podemos ver al elefante si lo queremos.


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