Libertad sin democracia: posibilidad real

otras distracciones poderosas que impiden ver al elefante de al lado

¿Votar nos hace libres o solo nos da permiso para elegir a nuestro propio carcelero? La filosofía política suele despistarse debatiendo quién manda, olvidando lo verdaderamente importante: cuánto nos aplastan. De la elegancia de la monarquía en Liechtenstein a la burocracia desatada de las democracias modernas, resulta que la jaula sigue siendo jaula, aunque la hayamos pintado entre todos los vecinos el domingo de elecciones. Sí, puede haber más libertad sin democracia que con ella.

A ver si nos aclaramos. Nos han vendido que meter un papel en una urna cada cuatro años es el bálsamo de Fierabrás contra la tiranía. Sin embargo, hay un elefante enorme en la sala, con chistera y pasaporte colonial, que preferimos ignorar: la libertad sin democracia existe, y la democracia sin libertad es nuestro pan de cada día.


De los casos de libertad sin democracia, una idea provocadora porque obliga a admitir que el voto no es un escudo infalible contra la opresión, sino a veces el motor que la implanta. Autores de la talla de Charles MurrayAlexis de Tocqueville o Bruno Leoni ya avisaron de que no conviene confundir la fuente del poder (quién tiene el mazo) con su alcance (a cuántas cabezas se lo asesta).

Una democracia puede ser una jaula de seda primorosamente tejida por la mayoría, pero si el Estado regula hasta la marca de hilo dental que usas bajo el pretexto del bien común, esa seda pesa bastante más que el hierro oxidado de cualquier monarca absoluto de los de antes.Otro de los elefantes en la sala que no se ven fácilmente y este, en especial, está muy camuflado.

🐘 Hong Kong bajo el mandato británico: Antes de 1997, Hong Kong no era una democracia; era una colonia gobernada por un gobernador designado por Londres. Sin embargo, gozaba de un Estado de derecho, libertad económica y libertad de expresión muy superiores a casi cualquier democracia de la época.

🐘 Liechtenstein: Es técnicamente una monarquía constitucional con un príncipe que retiene poderes significativos (como el veto). Sin embargo, sus niveles de libertad económica y personal son de los más altos del mundo, en parte porque el Estado es minúsculo y la descentralización es total.

🐘 La España de la Ilustración vs. la actualidad: Un ciudadano del siglo XVIII tenía que pagar pocos impuestos y nadie le decía cómo debía gestionar su propiedad o qué términos usar al hablar. Hoy, la democracia puede monitorear cada transacción bancaria y regular cada metro cuadrado de una construcción privada.


La confusión habitual es creer que democracia y libertad son sinónimos. No lo son.

🐘 La tiranía de la mayoría: En una democracia, el apoyo popular puede legitimar la intromisión del Estado en aspectos íntimos: desde cuánto azúcar consumes hasta cómo debes educar a tus hijos. Si el 51% decide que el 49% no puede fumar en su propia casa, eso es democrático, pero no es libre.

🐘 La autoridad limitada: Un monarca absoluto o un régimen no democrático puede ser indiferente a la vida privada de sus súbditos. Si el soberano solo se preocupa por la defensa y los impuestos básicos, pero deja que el comercio, la religión y la cultura fluyan sin regulaciones, el ciudadano vive en un entorno de mayor autonomía real que en una democracia hiperregulada.

Es posible que dentro de una monarquía absoluta los ciudadanos gocen de mayores libertades que bajo un régimen democrático. La democracia no es sinónimo de libertad.

Singapur (Etapa de Lee Kuan Yew): Aunque nominalmente es una democracia, se le ha clasificado a menudo como un régimen autoritario de partido único. Sin embargo, en términos de libertad económica, seguridad jurídica y derechos de propiedad, Singapur ha superado sistemáticamente a casi todas las democracias occidentales. El ciudadano singapurense no podía votar con alternancia real, pero su capacidad para emprender, viajar y acumular riqueza era (y es) inmensa frente a la burocracia europea.

El Imperio Austrohúngaro: Era una monarquía multinacional donde, a pesar de no haber una democracia plena, existía un respeto escrupuloso por la propiedad privada, una moneda estable (el patrón oro) y una libertad cultural que permitió el florecimiento de Viena. Un ciudadano podía cruzar fronteras y abrir negocios con una mínima interferencia estatal, algo que las democracias nacionales posteriores destruyeron con aranceles y controles de capital.

La libertad no depende de quién tiene el mazo en la mano, sino de cuántas cosas tiene prohibido golpear ese mazo.

«No es la forma de gobierno lo que importa, sino el grado de control que el Estado ejerce sobre el ciudadano».— Bertrand de Jouvenel

«Bajo el absolutismo de uno solo, la libertad es a veces mayor que bajo la democracia. En el primer caso, el gobernante tiene un límite claro: el miedo a la revuelta. En el segundo, el límite se difumina porque la mayoría cree que se está mandando a sí misma». — Atribuido a menudo como paráfrasis de las ideas de Friedrich Hayek.


Existen tres pilares que sostienen la posibilidad de que un régimen no democrático sea más respetuoso con las libertades individuales:

🐘 Economía de la intervención: Un dictador o un rey no necesitan comprar votos. En las democracias modernas, los políticos compiten ofreciendo «derechos» que en realidad son transferencias de recursos, lo que requiere un aparato burocrático y fiscal asfixiante. Un régimen no democrático no tiene ese incentivo para expandir el Estado infinitamente.

🐘 Estabilidad legal: La democracia tiende a la diarrea legislativa. Cada nueva legislatura cambia las reglas del juego. Bajo regímenes estables de corte tradicional, las leyes suelen ser pocas, claras y duraderas, lo que permite al individuo planificar su vida sin el miedo a que un decreto de martes por la mañana invalide su negocio.

🐘 Fragmentación del poder social: Históricamente, las monarquías convivían con fueros, gremios y la Iglesia. El poder estaba repartido. El Estado democrático moderno, bajo la bandera de la «igualdad», suele barrer con estos cuerpos intermedios, dejando al individuo solo frente a la maquinaria estatal.

En resumen

Un monarca sabe que su legitimidad es frágil y personal; si oprime demasiado, pierde la cabeza. Un gobierno democrático, en cambio, se siente investido de una «voluntad general» moralmente superior.

Esto le permite entrar en tu cuenta bancaria, registrar tus comunicaciones o prohibir hábitos personales con una impunidad que un rey del siglo XVIII ni siquiera habría soñado.

Como decía Erik von Kuehnelt-Leddihn, un monarca es como el dueño de una casa (la cuida para sus herederos), mientras que un político democrático es como un inquilino (la exprime al máximo antes de que termine su contrato).

O como lo hubiera resumido un tabernero ilustrado:

Miren, esto es otro elefante en la sala: es preferible un jefe que no me cae bien pero que me deja abrir el negocio, a un vecino que me vota a favor mientras me dice en qué cajón debo guardar los cubiertos. El problema de la democracia moderna es que es como una junta de vecinos donde todos quieren decidir de qué color pintas tu salón. El rey de antes era como un casero huraño: mientras le pagaras el alquiler, no quería saber si dormías en el sofá o en la alfombra. Hoy, el «pueblo» se siente con derecho a entrar en tu cocina a ver si tienes demasiada sal en el salero. Al final, no importa cuántas manos sujeten el palo, sino lo fuerte que te pegan con él. Podemos ver al elefante si lo queremos.


1. ¿Significa esto que las dictaduras son preferibles a las democracias? 

No necesariamente. El análisis distingue entre el origen del poder y su alcance. Una dictadura con poder ilimitado es la peor de las pesadillas. Lo que demuestra la historia es que un régimen no democrático con poder estrictamente limitado puede ofrecer más libertades civiles y económicas que una democracia sin límites constitucionales.

2. ¿Qué es la tiranía de la mayoría? 

Es el fenómeno político por el cual la mayoría de la población utiliza el mecanismo electoral para imponer sus normas, valores o expolios fiscales a las minorías o individuos, vulnerando su autonomía bajo la excusa de la legitimación democrática.

3. ¿Por qué las democracias tienden a crear más leyes que otros sistemas? 

Debido al incentivo electoral. Para ganar comicios, los partidos compiten prometiendo soluciones estatales a cualquier problema social o económico, lo que genera una inflación normativa constante y una burocracia cada vez más intrusiva.

Referencias Bibliográficas

🐘 De Jouvenel, BertrandEl Poder: Historia natural de su crecimiento.

🐘 De Tocqueville, AlexisLa democracia en América.

🐘 Kuehnelt-Leddihn, Erik vonLiberty or Equality.

🐘 Leoni, BrunoLa libertad y la ley.

🐘 Escohotado, AntonioLos enemigos del comercio.

🐘 El error de legislar hasta paralizar

🐘 El principio de hacer nada es hacer mucho

🐘 La hipótesis de Pottinger

🐘 La ley de acuerdos decrecientes

🐘 La advertencia de la tiranía de la medianía

🐘 Cuando los derechos se vuelven libertades

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