El aviso del abuso inevitable del poder  

La plaza de un pueblo llena de gente sin darse cuenta de que tienen un elefante atrás

A través de los siglos, diversos autores han emitido una cantidad grande de advertencias que permiten comprender por qué el poder, sin restricciones, se convierte en el peor enemigo de la sociedad. Un elefante en la sala que si no se ve es porque no se quiere.

Dice el refrán popular: «Si quieres conocer a Juanillo, dale un carguillo». Una sabiduría sencilla que anticipa las profundas reflexiones de los grandes pensadores.

El punto de partida de este análisis se encuentra en el barón de Montesquieu. Para él, la libertad no es un atributo garantizado por el simple hecho de vivir en una democracia o una aristocracia. En su obra fundamental, establece que la libertad política «sólo existe cuando no hay abuso de poder».

Sin embargo, Montesquieu lanza una advertencia que opera como una ley natural:

«la experiencia constante nos muestra que todo hombre que tiene poder tiende a abusar de él; va hasta que encuentra límites».

Esta observación es el pilar de su propuesta de división de poderes: para que la libertad subsista, es necesario que el poder detenga al poder. Es una visión realista que reconoce que el ser humano, por naturaleza, no se detendrá voluntariamente en su acumulación de autoridad si no se topa con un freno institucional.

Lord Acton retomó esta idea y le añadió una escala de intensidad. No solo se trata de que el poder se use mal, sino de que existe una relación directamente proporcional entre la magnitud de la autoridad y la profundidad de la degradación moral de quien la ejerce. Su sentencia es hoy un axioma universal:

«El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente».

Varios jinetes revolucionarios que no se dan cuenta de que los siguen dos elefantes atrás.

Abraham Lincoln: «Casi todos los hombres pueden soportar la adversidad, pero si quieres poner a prueba el carácter de un hombre, dale poder»

Thomas Jefferson: «la experiencia ha demostrado que incluso bajo las mejores formas de gobierno, los encargados del poder, con el tiempo y por operaciones lentas, lo han pervertido en tiranía»

Edmund Burke: «Cuanto mayor es el poder, más peligroso es el abuso»

La progresión del pensamiento nos lleva a un terreno aún más pantanoso: la incapacidad intelectual. Barbara Tuchman, en su análisis histórico, sugiere que el poder no solo corrompe el alma, sino que nubla el juicio. Tuchman se pregunta:

«¿Por qué los que ocupan altos cargos actúan tan a menudo en contra de lo que indica la razón y sugiere el interés propio ilustrado?».

Su tesis propone que el poder genera un estado de aturdimiento. El gobernante, embriagado por su posición, deja de escuchar, deja de procesar la información de forma racional y comienza a tomar decisiones que dañan incluso sus propios intereses.

Es lo que coloquialmente llamaríamos «morir de éxito» o, como dice el refrán español: «Poder y sabiduría, pocas veces en compañía». El poder absoluto no solo corrompe, sino que, en palabras inspiradas por Acton, «el poder tiende a aturdir y el poder absoluto aturde absolutamente».

El recorrido por estas ideas permite concluir que el diseño de un sistema político no debe basarse en la esperanza de encontrar líderes perfectos o incorruptibles. Como señaló Platón: «La medida del hombre es lo que hace con el poder».

Dado que la medida humana suele ser defectuosa frente a la tentación, la única solución viable es la acotación de las facultades gubernamentales.

Un gobierno grande y todopoderoso es, por definición, un diseño defectuoso, pues maximiza las probabilidades de abuso, corrupción y ceguera intelectual. Por el contrario, la salud de una sociedad depende de gobiernos moderados y limitados. Con poderes divididos, muy divididos.

Al final del día, debemos recordar que «quien hace la ley, hace la trampa», y que la única defensa que el ciudadano tiene frente a la «ley de hierro» del poder es la vigilancia constante y la firmeza de las instituciones que limitan a quienes nos dirigen.

En otras palabras, el poder absoluto no solo corrompe absolutamente, también aturde absolutamente. Un gobierno gigante es un diseño suicida que maximiza el abuso y anula la razón. La libertad solo sobrevive cuando el poder detiene al poder.

Referencias

Charles baron de Montesquieu: Del espíritu de las leyes.

John Emerich Edward Dalberg Acton.

Barbara Tuchman: The March of Folly.

La advertencia de Saturno

La hipótesis de la anciana de Siracusa


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