El irresistible atractivo del apocalipsis

elefante oculto en matriz de datos

El ser humano profesa una insaciable devoción por imaginarse extinto. A lo largo de la historia, hemos profetizado el fin del mundo mediante castigos divinos, gases cometarios, fallos informáticos y, más recientemente, la Inteligencia Artificial o el colapso demográfico. Detrás de esta fijación no hay una revelación mística ni un cálculo empírico infalible, sino el sesgo de centralidad narrativa: la incapacidad psicológica de aceptar que el universo es indiferente a nuestra existencia y que la historia continuará sin nosotros. Convertir nuestra época en el acto final de la civilización es la forma definitiva de autocomplacencia egocéntrica. Esto es el irresistible atractivo del apocalipsis: la anatomía de un sesgo narrativo.


El sesgo de centralidad narrativa (estrechamente vinculado al sesgo de proporcionalidad) es la predisposición cognitiva a interpretar la realidad como si formásemos parte del clímax de una obra dramática. Nos resulta insoportable asimilar la contingencia de la historia: la idea de que somos una generación más en una larga e indiferente cadena de acontecimientos.

Para amortiguar esa insignificancia, la mente humana activa un atajo cognitivo: proyecta que los problemas de su tiempo son insuperables y que la historia ha alcanzado su punto de no retorno. Creer que nos ha tocado presenciar el desenlace de los tiempos otorga a nuestra existencia cotidiana una trascendencia casi divina. Si la función va a terminar, preferimos pensar que somos los protagonistas del último acto antes que unos extras olvidados en la mitad del segundo.


El catálogo de catástrofes inminentes que ilustran el irresistible atractivo del apocalipsis y que han terminado en un sonrojante olvido es amplio y generoso. A pesar de mutar en la forma, la estructura psicológica del pánico permanece inalterada.

1. El terror del milenarismo (Año 1000 d.C.)

A medida que se aproximaba el primer milenio, la Europa medieval se vio sacudida por la certeza de que el diablo sería liberado tras mil años de cautiverio. Los fieles abandonaron sus cosechas, regalaron sus pertenencias a la Iglesia para ganar indulgencias de última hora y peregrinaron masivamente a Jerusalén. El 1 de enero del año 1001, la aurora volvió a despuntar y la rutina agrícola tuvo que reanudarse con cierta incomodidad social.

2. La gran inundación de Johannes Stöffler (1524)

El afamado matemático y astrónomo alemán Johannes Stöffler predijo que una alineación de planetas en el signo de Piscis desataría un nuevo Diluvio Universal en febrero de 1524. El pánico cundió por el continente y nobles como el conde von Iggelheim invirtieron fortunas en construir arcas de tres pisos. El mes transcurrió con algunas lloviznas habituales de invierno y un sol que dejó en la ruina a los más crédulos.

3. Thomas Malthus y la trampa demográfica (1798)

En su Ensayo sobre el principio de la población, Thomas Malthus planteó una ecuación aparentemente matemática e irrefutable: la población crecía en progresión geométrica, mientras que la producción de alimentos lo hacía en progresión aritmética. La consecuencia lógica era la inanición global y la ruina de la sociedad. Malthus cometió el error clásico de los agoreros: trazar una línea recta hacia el futuro ignorando el impacto de la Revolución Industrial en la agricultura, la mecanización y los fertilizantes.

4. Los luditas y el fin definitivo del empleo (1811)

Los artesanos y tejedores británicos conocidos como los luditas destruyeron los telares mecánicos convencidos de que la automatización traería la indigencia permanente para la clase trabajadora. Su razonamiento adolecía de lo que en economía se denomina la falacia de la suma fija del trabajo: la creencia errónea de que existe un volumen limitado de empleo disponible. La tecnología abarató los costes, disparó el consumo y generó industrias y profesiones jamás imaginadas en el siglo XIX.

5. El cometa Halley y el cianógeno (1910)

Cuando la ciencia sustituyó a la teología, el apocalipsis adaptó su jerga. En 1910, al anunciarse que la Tierra pasaría a través de la cola del cometa Halley y detectarse gas cianógeno en su espectro, los periódicos vaticinaron la asfixia de la atmósfera. Surgió un próspero negocio de «máscaras anti-cometa» y píldoras protectoras. La densidad del gas en la cola era tan ínfima que nadie notó la menor alteración.

6. Paul Ehrlich y «La bomba demográfica» (1968)

Reviviendo el fantasma malthusiano, el biólogo Paul Ehrlich afirmó categóricamente que en la década de 1970 cientos de millones de personas morirían de hambre y que países como la India desaparecerían antes de 1980. La historia volvió a llevarle la contraria gracias a la Revolución Verde de Norman Borlaug, cuyas innovaciones agronómicas multiplicaron el rendimiento de los cultivos y salvaron miles de millones de vidas.

7. El efecto 2000 (Y2K)

Con el cambio de milenio, el temor adoptó forma de código binario. La costumbre de programar los años con dos dígitos (99 para 1999) desató la profecía de un colapso sistémico mundial: aviones cayendo, centrales nucleares fuera de control y redes bancarias borradas al marcar el 00. Tras inversiones multimillonarias en revisión de código, la transición al año 2000 transcurrió sin mayores incidentes que algún marcador desconfigurado.

8. La IA y la dictadura de la superinteligencia

Hoy en día, las profecías del juicio final se han mudado a Silicon Valley. La corriente del doomerismo y los cálculos sobre el P(doom) (la probabilidad de exterminio humano a manos de una Inteligencia Artificial General) proyectan sobre un modelo estadístico de lenguaje nuestras propias ambiciones atávicas de dominación. Aunque la IA plantea retos éticos y laborales evidentes, la narrativa del exterminio inminente suele fundamentarse en una antropomorfización del software, transformando algoritmos de optimización en divinidades omnipotentes y castigadoras.


sorpresa por la entrada inesperada de un elefante

«El fin del mundo ha sido anunciado tantas veces que, cuando realmente llegue, nadie se lo va a creer». E. M. Cioran.

«Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de la primera». Albert Einstein.

«Siempre hay un apocalipsis a la vuelta de la esquina para quien necesita sentirse importante». G. K. Chesterton.


¿Qué es exactamente el sesgo de centralidad narrativa en las teorías apocalípticas?

Es la tendencia cognitiva a interpretar la historia como una narrativa estructurada donde nuestra generación ocupa el papel principal o el clímax. Nos empuja a creer que los problemas actuales son los más graves de la historia y que inevitablemente conducirán al colapso de la civilización.

¿Por qué las predicciones de desempleo por la tecnología suelen fracasar?

Porque la mente humana tiende a caer en la falacia de la suma fija del trabajo y en el sesgo de saliencia: es muy fácil identificar los empleos que una máquina destruye hoy, pero resulta sumamente difícil imaginar las nuevas industrias, servicios y necesidades que la propia eficiencia tecnológica creará mañana.

¿Significa esto que los riesgos actuales de la IA o el cambio climático son falsos?

No. Los riesgos técnicos, ambientales y sociales son reales y requieren gestión racional. La diferencia radica en que el análisis científico busca soluciones y adaptaciones, mientras que el sesgo apocalíptico transforma esos problemas en dogmas de fe sobre un destino fatal e inevitable.

Referencias bibliográficas

🐘 Bostrom, N. (2014). Superinteligencia: Caminos, peligros, estrategias.

🐘 Malthus, T. R. (1798). Ensayo sobre el principio de la población.

🐘 Cerf, C., & Navasky, V. (1984). The Experts Speak: The Definitive Compendium of Authoritative Misinformation. Pantheon Books.

🐘 Festinger, L., Riecken, H. W., & Schachter, S. (1956). When Prophecy Fails. University of Minnesota Press.

🐘 La tormenta perfecta de la idiotez: la amenaza existencial definitiva

🐘 Los expertos: la dictadura del consenso etéreo

🐘 Geometría de la estulticia humana


Edición última: