El peligro del heredero forzoso

la vida feliz de quienes no perciben al peligro

El Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones actúa como un intruso burocrático que reclama tajada de lo ahorrado sin haber movido un dedo. Mientras la sabiduría popular de taberna lo tacha de asalto fiscal a la previsión familiar, la doctrina oficial lo disfraza de ecualizador social. Spoiler: la alta burguesía esquiva la bala con ingeniería fiscal, los asalariados pierden la casa del abuelo y el Tesoro Público apenas rasca calderilla. Este es el peligro del heredero forzoso.

El impuesto a las herencias puede analizarse como la visita imprevista del gorrón que jamás ayudó en la cocina pero exige encabezar la mesa. O, si nos ponemos dramáticos, como el advenedizo que irrumpe en la notaría exigiendo por imperativo legal ser incluido en el testamento de un desconocido.

Bajo este prisma, el Estado opera como un heredero forzoso. Sin haber compartido el insomnio del ahorro ni las incertidumbres del emprendimiento, reclama la tajada del patrimonio ajeno por el insólito mérito de que el titular ha dejado de tener pulso.


Mira, hijo, esto es tan sencillo como el guiso que tengo al fuego. Al final, el político es como ese vecino que nunca te ayuda a labrar la tierra, ni a quitar las piedras, ni a rezar para que llueva; pero el día que matas el cerdo, aparece en la puerta con el plato en la mano diciendo que la matanza es también suya.

A la gente del pueblo nos gusta que las cosas sean de quien las suda. Si mi Paco y yo nos hemos pasado la vida sirviendo chatos de vino y ahorrando cada moneda para que el día de mañana los hijos no pasen fatigas, no se entiende que venga ese tío, con las manos muy limpias y la voz muy fina, a decir que una parte de nuestra bodega es suya.

Dicen que es para que todos seamos iguales, y eso suena muy bonito en los sermones, pero la verdad es que el que tiene tierras se queda sin ellas para pagar el papel del impuesto. Al final, los que siempre pagamos el pato —y el vino— somos los que trabajamos.

En mi taberna lo tenemos claro: las cuentas deben estar limpias y cada cual debe recoger lo que siembra. Que el gobierno se busque su propio huerto y deje de mirar el nuestro, que ya bastante le damos cada vez que llenamos una jarra.

Al final, hijo, ya ves que hasta los más sabios se tiran los trastos a la cabeza. Unos dicen que es por el bien de todos y otros que es un robo a mano armada al que ya no puede defenderse. Pero yo te digo una cosa: donde hay herencia, hay carencia… de vergüenza por parte del que viene a cobrar sin haber trabajado.


En contra del impuesto a las herencias

🐘 Tras haber cobrado impuestos por el salario, por el consumo y por el ahorro durante décadas, el Estado decide que el fallecimiento es la excusa perfecta para una última colecta. Es un impuesto por la muerte del creador de riqueza.

🐘 Mientras quien se lo gastó todo en lujos no deja nada que gravar, quien decidió privarse de placeres para asegurar el futuro de sus hijos es castigado con un recorte fiscal a su legado. Y ese recorte va a las manos de quien no se priva de nada.

🐘 A veces, el Estado exige su parte en efectivo sobre bienes que no lo son. Esto obliga a familias a malvender la casa de los abuelos o el negocio familiar solo para satisfacer el capricho recaudatorio de un ente que no puso un ladrillo en esa construcción.

🐘 Cuando el heredero estatal se vuelve demasiado exigente, los ciudadanos con recursos buscan pastos más verdes, llevándose consigo la inversión y el empleo a lugares donde no se asalte el patrimonio familiar. El talento creativo abandona a la sociedad que castiga el esfuerzo y el ahorro.

los elefantes que nadie ve y que sostienen a muchos

Adam Smith: «No hay impuesto más impertinente que el que se cobra sobre la transmisión de la propiedad por causa de muerte».

Winston Churchill: «El impuesto sobre sucesiones es un intento de gravar la virtud del ahorro y la previsión familiar».

Argumentos a favor del heredero forzoso

🐘 Se argumenta que nadie merece ser rico solo por haber nacido en el código postal adecuado ni en la familia correcta. El impuesto intenta que el político redistribuya esos recursos para que otros niños, menos afortunados, tengan una oportunidad de despegar.

Por supuesto, el «niño» que más beneficios recibe es el heredero forzado, el mismo polítuco, su burocracia y los ciudadanos con voto en subasta.

🐘 Se busca impedir que la riqueza se estanque en unas pocas manos durante generaciones, convirtiéndose en un poder que eluda el mérito y la competencia real del mercado.

No hace falta ese impuesto para lograr la dispersión de la riqueza. La libre concurrencia, se encargará de premiar a herederos esforzados y de castigar a los incapaces.

🐘 Algunos ven en este impuesto una forma de financiar servicios públicos sin asfixiar a los que hoy están trabajando y produciendo, moviendo la carga fiscal hacia el dinero que ya está «quieto». Pero, ¿es que no les alcanza ya la enormidad que nos quitan por ahorrar, comprar y vender?

Posible siguiente extensión del heredero forzoso

Si los hijos de un buen músico nacen con oído absoluto, están partiendo con una ventaja injusta frente al hijo del tabernero, que es un poco sordo.

El político, para realmente nivelar el campo de juego, podría cobrar un impuesto anual a los talentosos. Si pintas mejor que la media o corres más rápido o inventas más cosas, deberías pagar una «multa por excelencia» para compensar a los que nacieron con los pies planos, de escasas luces, o sin sentido del ritmo.

El problema, por supuesto, es que de tal manera se reducirá el uso del talento y, por consecuencia obvia, habrá menos progreso.


A pesar de las batallas retóricas, este impuesto suele ser una migaja en el presupuesto nacional, representando muy poco de la recaudación. Es más un símbolo moral —o un castigo ideológico— que una fuente de riqueza real para el Tesoro.

En los niveles más altos de riqueza, el Estado suele quedarse con las ganas. Las grandes fortunas utilizan estructuras legales complejas para que, cuando el patriarca falte, el niño mimado del gobierno se encuentre con una caja fuerte vacía.

¿No se es acaso propietario de lo que uno mismo ha producido con el esfuerzo y el talento propio?

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¿Por qué se califica al Impuesto sobre sucesiones de doble imposición?

Se considera doble imposición porque el patrimonio heredado ya tributó previamente cuando fue generado por el fallecido a través del IRPF, el IVA u otros impuestos sobre el ahorro y la propiedad.

¿Cómo afecta este impuesto a las rentas medias y bajas?

Afecta de forma desproporcionada al carecer estas rentas de mecanismos de planificación fiscal compleja, lo que las obliga en ocasiones a renunciar a la herencia o malvender bienes para saldar la deuda tributaria.

¿Realmente sirve este impuesto para redistribuir la riqueza?

Su capacidad redistributiva es escasa debido a su baja aportación al cómputo global de ingresos del Estado y a la facilidad de los grandes patrimonios para eludirlo mediante ingeniería fiscal.

Referencias bibliográficas

🐘 Smith, Adam (1776). La riqueza de las naciones. W. Strahan & T. Cadell.Adam Smith Institute

🐘 Churchill, Winston (1906). For Free Trade. Arthur L. Humphreys.

🐘 Huerta de Soto, Jesús (1992). Socialismo, cálculo económico y función empresarial. Editorial Unión Editorial.

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