¿Cuál es el común denominador de estas ideas?
«Siempre que te encuentres del lado de la mayoría, es momento de hacer una pausa y reflexionar». — Mark Twain
«La tiranía de la opinión pública es tan real como la tiranía de la ley». — John Stuart Mill
«El hombre superior se exige a sí mismo; el hombre inferior exige a los demás». — Confucio
«El clavo que sobresale recibe siempre el martillazo». — Proverbio japonés
«El progreso de la humanidad no depende tanto de los que son buenos, sino de los que son mejores». — H. L. Mencken
Sí, la tiranía de la medianía
El término «tiranía» implica que lo promedio (la medianía) ha dejado de ser un estado estadístico para convertirse en una fuerza opresora. El lector imaginará un entorno donde:
- Ser diferente o destacar es castigado.
- El consenso de la mayoría aplasta las ideas brillantes.
- Lo «seguro» y «aceptable» es superior a lo arriesgado y excelente.
Para comprender por qué el mundo avanza, es imperativo retomar la distinción que José Ortega y Gasset traza en su obra, La rebelión de las masas (1930). Para el filósofo español, la división de la sociedad en «masas» y «minorías» no es una cuestión de jerarquía social o económica, sino de actitud ante la propia existencia.
Ortega define al «hombre-masa» como aquel que no se exige nada a sí mismo, que se siente «como todo el mundo» y, lejos de angustiarse por ello, se siente a gusto al reconocerse idéntico a los demás. En contraste, el hombre excelente —o la «minoría selecta»— es aquel que vive en un estado de exigencia perpetua.
«Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo —en bien o en mal— por razones especiales, sino que se siente «como todo el mundo» y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás». (Ortega y Gasset, 1930).
Por el contrario, la nobleza para Ortega no es un título heredado, sino un sinónimo de una vida esforzada:
«Para mí, nobleza es sinónimo de vida esforzada, puesta siempre a superarse a sí misma, a trascender lo que ya es hacia lo que se propone como deber y exigencia». (Ortega y Gasset, 1930).
Las minorías como motor del progreso
El motor de la historia no es la inercia de la mayoría, sino la acción disruptiva de pequeñas minorías de excelencia. Estas no son élites cerradas, sino grupos de individuos que, en sus respectivos campos —el emprendimiento, la invención, el arte o la ciencia—, han decidido no aceptar el «estado de las cosas» como algo definitivo.
Estas minorías se caracterizan por tres rasgos fundamentales:
- La insatisfacción creadora: A diferencia del hombre mediocre que se cree perfecto, el individuo excelente vive en una «servidumbre» voluntaria hacia su obra.
- La asunción del riesgo: Mientras que la masa busca la seguridad del grupo y el anonimato, la minoría excelente se expone.
- La tracción del ejemplo: El mundo se mueve porque estas minorías establecen nuevos estándares.
La civilización depende de que se tengan espacios donde estos «hombres excelentes» puedan surgir. Son ellos quienes, con su exigencia personal, logran que el resto no se estanque en la complacencia de la medianía.

Si el progreso dependiera de la mayoría, todavía estaríamos discutiendo en una cueva las normativas que deben regular al fuego, a las armas de caza y a los espacios de esa cueva.
Cuando la masa asfixia la excelencia
Existe un riesgo que Ortega y Gasset señaló: la posibilidad de que el peso de la masa se vuelva tan abrumador que anule la capacidad de acción de las minorías excelentes. Este fenómeno no se produce por una prohibición legal, sino por una presión ambiental que establece a la tiranía de la mayoría.
El peligro surge cuando el hombre-masa decide que ya no está dispuesto a seguir o a escuchar a los mejores, sino que impone sus propios deseos y gustos sin admitir apelación. Es lo que él denomina la «hiperdemocracia»:
«La masa actúa directamente sin ley, por medio de presiones materiales, imponiendo sus aspiraciones y sus gustos. […] La característica del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera». (Ortega y Gasset, 1930).
Diagnóstico de la dictadura mayoritaria
Cuando la mayoría alcanza este nivel de peso, el espacio donde operan los inventores, artistas y emprendedores se vuelve hostil. El riesgo de que la minoría «que mueve el mundo» quede paralizada se manifiesta a través de varios síntomas:
🐘 La sociedad empieza a penalizar la disidencia intelectual y la originalidad. Al innovador no se le rebate con argumentos, sino que se le aísla o se le ridiculiza por no ajustarse al «sentir común». Es es conformismo el que triunfa.
🐘 En una sociedad dominada por la masa, las estructuras se diseñan para la seguridad y la igualdad, no para la audacia. El emprendedor se encuentra con un muro de normativas y consensos que priorizan el «no molestar» sobre el «crear algo nuevo». Es la burocratización del espíritu.
🐘 Ortega advertía que el hombre-masa siente un odio instintivo hacia todo lo que sea diferente y selecto. Si la mayoría logra convertir ese resentimiento en cultura dominante, la excelencia deja de ser un ideal para convertirse en un estigma. Es el resentimiento y la envidia de la excelencia.
El elefante en la sala
Este es un elefante que no quiere verse por odioso y molesto. Dependemos de la minoría que es superior porque no está satisfecha y que por eso crea, piensa y tiene ideas que retan al resto. Esto golpea al credo igualitario.
Si la masa logra su objetivo de «aplastar todo lo que es diferente, egregio, individual, calificado y selecto», el resultado inevitable es el estancamiento. Una sociedad que impide actuar a sus minorías creativas es una sociedad que agota su capital de ideas y se limita a gestionar la herencia del pasado.

Credo del mediocre
Creo en la seguridad del grupo que me protege.
Creo en la obligación a ser todos iguales
Mi mayor aspiración es sentirme «como todo el mundo».
No reconozco más autoridad que la del consenso.
Me comprometo a ridiculizar a la excelencia.
Bibliografía sugerida
- Ortega y Gasset, J. (1930). La rebelión de las masas. Revista de Occidente.
- Schumpeter, J. A. (1942). Capitalismo, socialismo y democracia.
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- 🐘 La paradoja del gobierno igualitario
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