El centro de la advertencia: Schumpeter
El texto explora la tesis de Joseph Schumpeter sobre el comportamiento del ciudadano promedio en la esfera pública.
Su premisa central es que el individuo, aunque sea sumamente competente y racional en su vida privada o profesional, experimenta un «descenso a un nivel inferior de rendimiento mental» cuando entra en el terreno de la política. En este campo, el ciudadano tiende a razonar de manera infantil o primitiva.
La adición de Rothbard
Murray Rothbard complementa esta visión enfocándose en el área económica. Sostiene que no es un «crimen» ser ignorante en economía (una ciencia compleja y especializada).
Lo que resulta irresponsable es expresar opiniones «ruidosas y vociferantes» sobre temas económicos sin tener el conocimiento básico para sustentarlas. Esta actitud refuerza la baja calidad del debate público.
Las citas
Schumpeter: «El ciudadano típico desciende a un nivel inferior de rendimiento mental tan pronto como entra en el campo político. Argumenta y analiza de una manera que reconocería fácilmente como infantil dentro de la esfera de sus intereses reales. Se vuelve primitivo de nuevo». Capitalism, Socialism and Democracy, 1942.
Rothbard: «No es un crimen ser ignorante en economía, que es, después de todo, una disciplina especializada y una que la mayoría de la gente considera una ‘ciencia lúgubre’. Pero es totalmente irresponsable tener una opinión ruidosa y vociferante sobre temas económicos mientras se permanece en ese estado de ignorancia» Making Economic Sense, 1995.
Consecuencias políticas
La advertencia combinada de Schumpeter-Rothbard lanza un aviso serio: el votante promedio no tiene capacidad para evaluar políticas económicas, como proteccionismo, subsidios y similares.
🐘 Al no comprender la complejidad política y económica, los ciudadanos son más susceptibles a líderes que apelan a sentimientos, ideas preconcebidas y narrativas simplistas. El resultado neto será la implantación de medidas económicas descabelladas que crearán más problemas y obstaculizarán el desarrollo.

«Donde no hay saber, sobra el parecer»
«En su oficio es un doctor, mas en el voto un menor»
«Voto de muchos sin seso, de la república es el deceso»
«Grito de ignorante, mal gobernante»
Remedios, medicinas y alivios
Descubierto el elefante en la sala sobre la inexistencia de una sabiduría popular suficiente para conducir los asuntos públicos, queda la pregunta obvia. ¿Qué hacer para contener a las políticas descabelladas de gobernantes y votantes ignorantes?
Darse cuenta del elefante en la sala ya es adelantar un buen trecho, pues así se entiende la advertencia del riesgo real y presente de gobernantes con ideas tontas que serán de atractivo popular. Pero hay más.
El régimen político debe prever ese riesgo y tener cimientos que soporten sus embates. Las ideas de república, estado de derechos y división de poderes son absolutamente necesarias. Mal le irá al país donde quien tenga ideas descabelladas cuente con apoyo mayoritario para imponerlas sin frenos.
Divagación literaria: Cervantes escribiendo sobre el tema
—Sabed, Sancho —dijo don Quijote, deteniendo el paso de Rocinante—, que el entendimiento humano es cosa de gran misterio y mudanza. Hay varones que en el labrar de la tierra, en el coser de un jubón o en el gobierno de su casa muestran prudencia de sabios; mas en poniendo el pie en el concejo de la aldea para hablar de las leyes del reino, pierden el juicio y descienden a una infancia del espíritu, volviéndose tan primitivos como si nunca hubiesen visto luz de razón. Así lo advirtió un sabio llamado Schumpeterio, diciendo que el ciudadano, en el campo de la política, se vuelve de corto ingenio.
—A fe mía, señor Caballero de la Triste Figura —respondió Sancho, ajustando las alforjas del rucio—, que no me parece a mí pecado ignorar cómo se gobiernan las monedas o cómo se reparten los tesoros, que para eso hay letrados. Pero bien dice un tal maestro Rothbardo que, si bien es lícito no saber de tales ciencias oscuras, es gran necedad y mucha soberbia andar de plaza en plaza dando voces y opiniones ruidosas sobre lo que no se alcanza a entender. Que, como dice el refrán: «En boca cerrada no entran moscas», y menos aquellas que zumban sobre la economía sin tener un maravedí de conocimiento.
—Bien dices, Sancho —prosiguió don Quijote—, pues de esa ignorancia vociferante nacen los encantadores y falsos profetas que hoy llaman populistas, los cuales, con dulces palabras y promesas de ínsulas imposibles, engañan al vulgo. Por eso es menester que existan Repúblicas y leyes que dividan el poder, para que los desvaríos de la mayoría no den con el navío del Estado contra las peñas de la sinrazón.
—Así sea, vuestra merced —concluyó Sancho—, que yo, por mi parte, prefiero mi juicio en el comer y el beber, que en política ya veo que hasta el más pintado se vuelve tierno de sesos.
🔎 El problema del conocimiento político incompleto
🔎 El seductivo sesgo de la explicación descabellada
Edición última:
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