Perspicacia: ensayo con elefantes
Ser perspicaz no es un don, es una insolencia. Es tener el mal gusto de señalar al animal de tres toneladas que todos han decidido ignorar por el bien de la digestión.
Ser perspicaz no es un don, es una insolencia. Es tener el mal gusto de señalar al animal de tres toneladas que todos han decidido ignorar por el bien de la digestión.
Saturno devoró a sus hijos por miedo a una profecía. Hoy, los gobernantes sacrifican el futuro de un país entero solo para no perder su silla.
Deja de rezar para que este gobierno se acabe; la hipótesis de la anciana de Siracusa advierte que el siguiente será, probablemente, mucho peor.