José Ortega y Gasset predijo en 1929 el circo de las redes sociales. No dividía a la humanidad por dinero o sangre, sino por el esfuerzo personal: el «hombre excelente» (que se exige un mundo) contra el «hombre-masa» (el cuñado definitivo que se cree perfecto). Hoy, este último ha tomado el mando digital a golpe de clickbaits, linchamientos en X y scroll infinito. El mal mando de la masa.
A ver, admitámoslo: si Ortega y Gasset levantara la cabeza y abriera TikTok, no se sorprendería lo más mínimo. Solo suspiraría, pediría un café solo y diría: «Os lo dije».
En La rebelión de las masas, nuestro filósofo madrileño favorito no usó la lucha de clases para dividir el cotarro. Pasó del saldo bancario y se enfocó en algo mucho más sutil: la actitud vital y la psicología de andar por casa. Básicamente, se dio cuenta de que la humanidad se divide entre los que se complican la vida para ser mejores y los que viven en modo automático creyéndose la última Coca-Cola del desierto. De esa mezcla explosiva nace ese peligro del mal mando de la masa.
El hombre excelente
Para Ortega, la excelencia no es un título nobiliario, sino un estado de vigilia espiritual. El hombre excelente es aquel que se siente urgido a superar su propia naturaleza, sometiéndose a una disciplina superior. No vive para el descanso, sino para el esfuerzo que le permite alcanzar cumbres que él mismo se ha trazado.
«Nobleza se define por la exigencia, por las obligaciones, no por los derechos. Noblesse oblige. «Vivir a gusto es de plebeyos: el noble aspira a orden y a ley» ». Goethe

Este individuo excelente se reconoce porque:
🐘 Siente una íntima necesidad de superación, despreciando la inercia del «dejarse llevar».
🐘 Su vida es una tensión constante hacia un deber autoimpuesto.
🐘 Busca el servicio, entendiendo por tal el poner sus facultades al servicio de una norma o proyecto que lo trasciende.
El hombre-masa
En el polo opuesto hallamos al hombre-masa. No se refiere necesariamente a la muchedumbre, sino a un tipo de psicología que puede habitar tanto en un obrero como en un académico. Es el individuo que se siente «como todo el mundo» y, lejos de angustiarse por ello, encuentra en esa identidad colectiva una comodidad soberbia.
«El hombre-masa es aquel que no se valora a sí mismo —en bien o en mal— por razones especiales, sino que se siente «como todo el mundo», y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás».
Sus rasgos distintivos son:
🐘 Cree que su estado actual es perfecto y no requiere mejora alguna. Es, en palabras de Ortega, el «niño mimado de la historia».
🐘 Su vida carece de dirección; flota en el presente sin metas que exijan sacrificio.
🐘 Al creer que lo sabe todo, cierra su mente a cualquier diálogo o razón que no coincida con sus prejuicios.
La síntesis del conflicto: mando de la masa
La tragedia de la modernidad, según el filósofo madrileño, radica en que el hombre-masa ha decidido intervenir en la vida pública —política, arte y pensamiento— sin tener las capacidades para ello y sin someterse a la autoridad de los mejores.
Mientras el hombre excelente vive en una perpetua servidumbre hacia su ideal, el hombre-masa vive en una libertad caprichosa que termina por asfixiar la cultura.
La transposición de las categorías orteguianas al ecosistema digital actual resulta casi profética. Si La rebelión de las masas analizaba la aglomeración física en los cafés y teatros de 1930, hoy el fenómeno se ha trasladado al algoritmo, donde el hombre-masa ha encontrado su hábitat definitivo.
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El mando de la masa digital
El hombre-masa digital se caracteriza por lo que Ortega llamaba el hermetismo intelectual. En las redes sociales, esto se traduce en la burbuja de filtros: el individuo no busca la verdad, sino la confirmación de sus propios prejuicios.
«El hombre-masa se siente perfecto. El hombre excelente, para sentirse perfecto, necesita ser un vanidoso, y la creencia en su perfección no está consubstancialmente unida a él».
En Twitter o TikTok, el usuario promedio opina sobre epidemiología, geopolítica o macroeconomía con la misma ligereza con la que juzga el clima. Es el señorito satisfecho que, al tener acceso a toda la información, cree poseer el conocimiento sin haber pasado por el sacrificio del estudio.
El linchamiento como acción directa
Ortega definía la acción directa como la tendencia de las masas a imponer sus deseos sin someterse a normas, leyes o procesos de mediación.
🐘 En la política: Se manifiesta en el populismo que desprecia las instituciones y busca el contacto emocional directo entre el líder y la masa.
🐘 En las redes: Es la cultura de la cancelación. La masa no debate con el que piensa distinto; simplemente intenta anularlo mediante el volumen del grito digital. Se impone el derecho a no tener razón, una de las patologías que Ortega más temía.
La excelencia en la era de la distracción
Frente a este panorama, el hombre excelente hoy es aquel que practica la ascesis digital. Mientras la masa se deja arrastrar por el flujo infinito del scroll, el individuo excelente hace otra cosa.
Entiende que su tiempo es un recurso sagrado y no lo entrega al capricho de una notificación. No se conforma con el titular; somete su juicio a la disciplina de la verificación.
A diferencia de la masa, que necesita sentirse «como todo el mundo» para estar tranquila, el hombre excelente acepta la impopularidad si esta es el precio de mantener su rigor ético.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
1. ¿El «hombre-masa» de Ortega y Gasset equivale a la clase baja o con pocos recursos?
En absoluto. Ortega deja muy claro que el «hombre-masa» no es una clase social, sino un estado mental. Un multimillonario o un reputado científico pueden actuar como hombres-masa si se muestran herméticos al diálogo, complacientes con su ignorancia y exigentes solo con los demás.
2. ¿Cómo se manifiesta el «mal mando de la masa» en las redes sociales actuales?
Se manifiesta mediante la cultura de la cancelación, los linchamientos digitales y la hiperpolarización. El usuario masa no busca debatir ni contrastar información, sino imponer su sesgo de confirmación y anular al discrepante mediante la presión del grupo.
3. ¿Qué soluciones propone el pensamiento orteguiano frente al dominio del hombre-masa?
Pasa por el rescate de la exigencia individual y la revalorización del liderazgo ético e intelectual. Supone transitar desde la «hiperdemocracia» de los impulsos hacia una convivencia donde el esfuerzo, el estudio y la disciplina personal vuelvan a guiar el debate público.
Referencias bibliográficas
🐘 Abellán, J. L. (1998). Ortega y Gasset y el pensamiento español del siglo XX. Fondo de Cultura Económica. https://fondodeculturaeconomica.es/catalogo/ortega-y-gasset-y-el-pensamiento-espanol-del-siglo-xx
🐘 Cerezo Galán, P. (2011). La voluntad de aventura: Ortega y Gasset y el pensamiento hispánico. Ediciones Península. https://www.planetadelibros.com/editorial/ediciones-peninsula/16
🐘 Ortega y Gasset, J. (1929). La rebelión de las masas. Revista de Occidente. https://www.revistadeoccidente.es
🐘 Zamora Bonilla, J. (2002). Ortega y Gasset. Plaza & Janés. https://www.penguinlibros.com/es/21652-plaza-janes
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