Nuestras publicaciones de abril de 2026

Un problema clásico que al mismo tiempo defiende y ataca a la razón.
El obvio elefante omnipresente que dice que tengas cuidado cuando tengas buenas intenciones porque ellas no bastan. Un llamado a pensar el los efectos indeseables de decisiones que buscan lo bueno y crean lo peor.
Un pequeño tratado acerca de la constante humana. Es parte de nuestra naturaleza y está allí con testimonios deslumbrantes. Somos racionales, pero también cometemos tonterías. Muchas tonterías.
El elefante grita una realidad que es ignorada una y otra vez. Los gobiernos, por diseño, son malos administradores de recursos. Cuantos menos tengan, mejor.
Un club exclusivo en alguna dimensión de la ultra-historia. En una esquina, Joseph Schumpeter, ajustándose el monóculo y con ese aire de economista refinado. En la otra, Ortega y Gasset, con su elegancia madrileña y esa mirada de «os lo dije, pero estabais demasiado ocupados siendo modernos».
Ese elefante odioso que es ignorado y negado. Todo porque suelta una verdad incómoda, la más incómoda que puede hacerse en una sociedad con pasión igualitaria.
Una conocida historia permite volver a recordar, por enésima vez, que no hay personas perfectas —lo que mucho se teme, también incluye a los gobernantes—.
La realidad del elefante que aún estando en el salón, se desea ignorar. La perfección es una enemiga clandestina.
El problema no es el de la censura, al estilo ortodoxo, sino de aquella que está sustentada en las emociones del más emocional, en los sentimientos del más sentimental.
Una especulación basada en Schumpeter. Si la hay creativa, también hay destrucción creativa, la que detiene la innovación, la que impide el progreso, la que destruye por destruir.
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