Si alguna vez te has preguntado por qué esa gran corporación multinacional que fabrica motores diésel acaba publicando manifiestos hiperprogresistas en sus redes sociales cada mes de junio, tranquilo: no es que la junta directiva haya tenido una iluminación mística a las tres de la mañana. Es pura física aplicada al ecosistema de los despachos. Bienvenido a la Segunda Ley de la Entropía Ideológica.
La ley de O’Sullivan-Conquest: El viraje inevitable
Allá por el siglo XX, el historiador Robert Conquest formuló una serie de leyes informales sobre el comportamiento de la política.
La segunda de ellas —popularizada de forma casi idéntica por el periodista John O’Sullivan en la revista National Review— deja poco espacio para la ambigüedad:
«Cualquier organización que no sea explícitamente de derechas, con el tiempo se convertirá en una de izquierdas.»
En el mundo corporativo e institucional, la neutralidad no existe. Si no tienes un blindaje de valores explícito, un código genético tradicionalista firmado a fuego en tus estatutos y una guardia praetoriana dispuesta a defenderlo, la inercia social hará el resto.
Declarar tu organización como «apolítica» es equivalente a dejar las puertas de tu casa abiertas de par en par en un barrio movidito y esperar que nadie entre a reamueblarte el salón.
El mecanismo: ¿Por qué ocurre la deriva?
¿Por qué quien no se define de derechas termina virando hacia el progresismo con la precisión de un reloj suizo? Básicamente, por tres incentivos del entorno:
En primer lugar, opera el sesgo de la clase gestora. Quienes terminan ocupando los puestos de Dirección de Comunicación, Recursos Humanos y Gestión Cultural suelen formarse en facultades de humanidades y ciencias sociales, donde la hegemonía intelectual de izquierdas es la norma. La cultura interna de la empresa se rediseña así a imagen y semejanza del departamento de sociología de turno.
En segundo lugar, está el pánico al titular. Para evitar la cancelación mediática o el escrachado en redes, las organizaciones adoptan por defecto las posturas «políticamente correctas» del momento. Es el famoso Greenwashing social elevado a la categoría de supervivencia: ceder el control ideológico a cambio de que un puñado de activistas en internet les deje seguir facturando en paz.
Por último, existe una asimetría de la militancia. La izquierda cultural tiende a ser ideológicamente militante, organizada e inquisitiva; las instituciones «neutrales» solo quieren cerrar el trimestre con beneficios y evitar el conflicto a toda costa. Ante la primera embestida, la neutralidad levanta las manos y cede todo el terreno simplemente para no buscarse problemas.
La física detrás del fenómeno: Entropía Ideológica
En física, la segunda ley de la termodinámica dice que en un sistema aislado el desorden (entropía) tiende a aumentar de forma natural a menos que inyectes energía externa para mantener la estructura:
ΔSinstitución≥0
En nuestro ecosistema cultural, la izquierda opera exactamente como la fuerza de gravedad: es el estado fundamental por defecto.
Mantener una postura conservadora o tradicional exige un esfuerzo activo de «inyección de energía» mediante normas, límites y filtros de selección estrictos. En cuanto una organización se declara «apolítica» y deja de aplicar esa fuerza de resistencia, la gravedad del ecosistema la arrastra sin remedio hacia el consenso progresista.
Tres elefantes devorando instituciones en tiempo real
Este fenómeno no es una hipótesis de laboratorio. Los libros de historia corporativa están llenos de instituciones fundadas con un espíritu tradicional o capitalista que terminaron financiado, sin querer, su propia deconstrucción:
Un ejemplo clásico son las Fundaciones Filantrópicas como Ford o Rockefeller. Fueron creadas originalmente por magnates del capitalismo industrial para promover la libre empresa y la filantropía tradicional. Hoy en día, sin embargo, se han transformado en los principales motores financieros globales de causas progresistas y críticas con el propio modelo de mercado que las vio nacer.
Un proceso similar sufrieron las Universidades de la Ivy League en Estados Unidos. Casi todas fueron fundadas como seminarios religiosos estables para formar a las élites bajo dogmas cristianos y clásicos. Al dejar de aplicar la «energía» del dogma original en nombre de una neutralidad académica no blindada, las facultades fueron contratando a pensadores cada vez más críticos con la tradición, convirtiéndose en los centros neurálgicos del activismo progresista actual.
Incluso una institución tan tradicional como los Boy Scouts de EE. UU. ha sucumbido a esta inercia. Durante más de un siglo fue la organización por excelencia para inculcar disciplina, patriotismo y moral religiosa en los jóvenes. Sin embargo, ante la presión de campañas mediáticas y demandas judiciales, la organización empezó a ceder en sus requisitos hasta rebautizarse recientemente como Scouting America, adaptando un ideario que habría resultado impensable para sus fundadores.
En palabras de la sabiduría popular
Si la termodinámica y la ciencia política te parecen demasiado densas para explicárselas a tu equipo, la cultura popular ya había resumido la Ley de Conquest hace siglos sin necesidad de diagramas de flujo:

«Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.» Si no remas con fuerza hacia tus valores fundacionales, terminarás en la catarata del consenso de moda.
«Donde va Vicente, va la gente.» Las masas corporativas tienen el mismo instinto de originalidad que un rebaño de ovejas asustadas.
«Árbol que no tiene raíces, cualquier viento lo desvía.»
Apéndice: Las tres leyes completas de Conquest
Para cerrar el análisis, conviene recordar el tríptico completo que nos dejó el historiador Robert Conquest sobre cómo nos comportamos en grupo:
- La Ley de la Experiencia: Todos somos conservadores en aquello que conocemos mejor.
- La Ley de la Entropía: Cualquier organización que no sea explícitamente de derecha se convertirá en una de izquierda.
- La Ley de la Burocracia: La forma más sencilla de explicar el comportamiento de cualquier organización burocrática es suponer que está controlada por una cábala de sus propios enemigos.
Moraleja: si estás creando una startup, un club social o una ONG y no pones las normas de convivencia bien atadas desde el día uno, ve encargando las pancartas para la marcha del próximo semestre.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Es posible evitar que una organización sufra esta deriva ideológica?
Sí, pero exige un esfuerzo continuo. Para mantener una postura tradicional o conservadora, la organización debe inyectar «energía» activamente. Esto implica establecer un código de valores estricto desde sus estatutos, aplicar filtros de selección acordes a dicho idario y resistir de forma consciente las presiones mediáticas y del entorno.
¿Por qué las organizaciones se declaran «apolíticas» si la neutralidad no funciona?
Por una cuestión de supervivencia comercial aparente. Las directivas suelen asumir que declararse neutrales evitará conflictos con clientes y empleados de distintas ideologías. Sin embargo, al no defender activamente una postura, la inercia social y la cultura interna dominada por la clase gestora acaban ocupando ese vacío.
¿Qué papel juegan los departamentos de Recursos Humanos y Comunicación en este proceso?
Un papel fundamental. Los profesionales que integran estas áreas suelen formarse en facultades de ciencias sociales donde predomina el pensamiento de izquierdas. Al diseñar las políticas internas, la comunicación corporativa y la gestión del talento, trasladan de manera natural esos marcos culturales al día a día de la empresa.
Referencias bibliográficas
🐘 Robert Conquest (1999). Reflections on a Ravaged Century. W. W. Norton & Company.
🐘 John O’Sullivan (1989). O’Sullivan’s First Law. National Review.
🐘 Federico Jiménez Losantos (2018). Memoria del comunismo: De Lenin a Podemos. La Esfera de los Libros.
🐘 El virus de la obediencia de Bonhoeffer
🐘 El sesgo de Harrison Bergeron
🐘 La curiosa idea de de Puydt: la panarquía
🐘 El perverso atractivo de la peor opción
🐘 El acierto del noble prejuicio
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