Nuestras publicaciones de mayo de 2026
Revisemos los elefantes en la sala de este mes. Políticos que prometen el regreso a un pasado de oro que jamás existió, vendiendo un futuro que es pura fantasía. Al final, el cliente siempre paga la cuenta de los platos rotos.
La democracia es como una buena sartén de hierro; sirve para los huevos, pero no intentes hacer sopa en ella. El misterio más tonto de nuestra era. Teniendo vino bueno en la bodega, la gente se empeña una y otra vez en beber el vinagre del vecino.
El cliente que mira el menú, ve que no hay pescado, pero insiste en pedir merluza. Mueven la cabeza para buscar su propia fantasía, ignorando la realidad que tienen en las narices. Una sociedad tan solemne y estirada que ya no huele el sarcasmo ni aunque le queme las cejas.
Esos pedantes que usan frases hechas y tópicos manidos como si hubieran descubierto la pólvora. Un disfraz de sabio para ocultar una cabeza hueca. El gran error humano de no creer que somos eternos. Calculamos la vida como si fuéramos a durar máximo cien años.
Una regla tan vieja como el mundo. Lo que para el político es el salvavidas que lo mantiene a flote, para el ciudadano de a pie es la piedra que lo hunde en el pozo. Y la típica confusión de términos. El personal piensa que dos palabras son hermanas gemelas cuando, en realidad, no se parecen ni en el blanco de los ojos.

El viejo padecimiento de la nostalgia, pero aplicado a la política del desquiciado que añora convertir a un pasado inexistente en un futuro imposible.
Uno de los avisos claros que envía la democracia: «No soy aplicable a todo, hay cosas para las que no sirvo».
¿Por qué demonios tantos optan tantas veces y tantos lugares por la peor de las alternativas políticas que existe? Quizá el tema más absurdo de nuestros tiempos.
Nada que no se vea todos los días. Esos casos de inquietos personajes que mueven los ojos y la cabeza para ver lo que quieren ellos, no lo que les presenta la realidad.
Un problema serio, el de las dificultades para detectar humor y sarcasmo. Y es que hay cosas que se dicen en serio pero que resultan bromas para cualquiera con sentido común.
Un examen de ese gran defecto de usar frases hechas y lanzar lugares comunes como un disfraz de inteligencia.
Y toda esa equivocación tiene un origen, el calcular mal el tiempo que se tendrá de vida. Y no, no es que se muera a los 99 años o más.
Una ley de supervivencia para el político y una de muerte para el ciudadano.
Otro de esos errores que pocos notan. Se trata de una confusión entre dos palabras importantes. Se piensa que significan lo mismo, pero en realidad quieren decir cosas muy diferentes.
Edición última:
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