Los elefantes en la sala de enero 2026

Aquí hay trece verdades incómodas ocupando todo el espacio, respirándote en la nuca mientras finges mirar el móvil. Son elefantes enormes, pesados y tan reales que el silencio ya no basta para esconderlos.

¿Te atreves a dejar de esquivarlos? Entra, antes de que el techo se venga abajo.

🐘 Si no te gusta tu gobierno y quieres cambiarlo, primero atiende al consejo de una vieja que sabía mucho de esas cosas. Si no, terminarás peor que antes.

Que no te cause sorpresa, los gobernantes solo quieren una sola cosa y están dispuestos a todo por ella. Literalmente a todo. Sí, solo una cosa y no es el bien de todos.

Una posibilidad fascinante: los libros que menos se entienden son los que más influencia ejercen. Sí, los más confusos, incomprensibles e ilegibles. Esos que pocos han leído.

Sobre la rara cualidad que sirve para detectar elefantes en la sala y que no es algo que guste a la mayoría. Produce incomodidad extrema y algunas reacciones histéricas.

Nada nuevo, otro elefante que es obvio pero que se olvida. La razón no puede ponerse a votación, aunque se intente una y otra vez.

No, no y no, los sistemas políticos y sociales no van a cambiar a la naturaleza humana. En todos ellos, los vicios aparecerán aunque tengan nombres diferentes.

Si se piensa, no es nada que sorprenda. Es imposible que alguien sepa lo suficiente como para gobernar a otros. ¿Sabe un gobernante cualquiera más de ti y tu familia que tú mismo? No, por supuesto.

Lo que odian los gobernantes: cuando hacen poco o nada y dejan que la gente sea la responsable, las cosas irán cada vez mejor.

Llamativo es que las explicaciones más alocadas e improbables tengan más aceptación que las racionales y probables.

No es que pueda viajarse al futuro, pero esta posibilidad es lo más cercano al poder de hacerlo.

El llamativo resultado opuesto de gobiernos obsesionados con la igualdad, pues terminan creando una sociedad mucho más desigual que antes. Y no, no hay excepción. Es un defecto de diseño.

Un caso práctico del principio central del buen gobierno: muchas veces, cuando nada hace, está haciendo lo mejor que puede y debe.

La pobreza no es lo que suele pensarse, ni se remedia con lo que suele intentarse. Es algo más obvio y claro.


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